"Con cien cañones por banda..."

  

Empecemos por el principio: y parece que el principio está en que cada vez se venden menos discos originales por la presión de la piratería. Internet es un foco con un tipo de piratería muy específico (la mayor parte de los casos el usuario que descarga música en Internet va a la caza de rarezas de grupos muy consagrados o de los últimos hits que suenan en las radiofórmulas) y bastante limitado (sólo el 30% de los españoles disponen de un acceso regular a Internet, normalmente a través de conexiones que dificultan el acceso a archivos musicales), por lo que parece bastante claro que ha sido la venta callejera de copias pirata lo que más daño ha inflingido a la venta de discos originales. Se calcula que actualmente alcanza la cota del 35% del volumen total de grabaciones que se mueven en nuestro país (porcentaje cuya escalada es alarmante). 

 

El precio es el argumento fundamental del comprador habitual de las mantas, que encuentra el precio en las tiendas francamente abusivo, pero… ¿realmente es abusivo? Si dividimos 18 euros (la media habitual del precio de un CD, tirando por lo alto) entre 12 canciones (la media habitual, tirando por lo bajo), el precio que nos resulta es de 1,5 euros, algo ciertamente ridículo si consideramos el trabajo que se esconde (composición, producción, interpretación) detrás de la grabación. “Pero sigue siendo abusivo porque esas mismas 12 canciones tienen un precio de 0,25 euros en el top manta, seis veces inferior al CD original” argumenta Santiago, un habitual comprador del top manta, obviando que los productores ilegales sólo tienen que hacer frente a los costes de reproducción del CD y que su margen de beneficio es de 10 veces el coste del soporte, lo que sí que es francamente abusivo.

 

Así que… ¿Quién abusa? ¿El que paga la seguridad social de sus trabajadores, que genera un bien cultural y paga sus impuestos, o el que explota la situación de ilegalidad de sus vendedores y cuya inversión se reduce a unas máquinas para reproducir de forma masiva el trabajo de otros? Y, ojo, no estamos defendiendo que el precio de los discos sea el adecuado ni que la política de precios sea la correcta (como tampoco creemos que sea correcta en otros sectores y no por eso defendemos el asalto, por ejemplo, a tiendas de electrodomésticos). Es evidente que los discos podrían ser mucho más baratos y que el precio podría situarse en un tope de doce euros, pero seguro que seguiría pareciendo caro a la gente si el mismo disco puede encontrarse por 2 euros en la calle. 

 

¿Cómo se puede reducir el precio de los discos? La primera medida parece obvia: la reducción del IVA que soportan los discos (16% frente al 4% que tienen el resto de productos culturales, desde un libro hasta una entrada para el teatro. ¿O es que la música no es cultura? La segunda es el ajuste de márgenes de beneficio por parte de la compañía o la mejor gestión de las cantidades que se obtienen, porque no puede ser razonable que un disco de artistas pequeños sea el que soporte las campañas de lanzamiento de artistas internacionales (cosa que pasa más a menudo de lo que nos podemos imaginar). 

 

Pero no sólo el precio debe ser el argumento para comprar un disco original, las compañías deberían entregar un valor añadido al disco como DVDs de regalo, acceso a páginas web con contenidos exclusivos, libretos mucho más cuidados, descuentos en las entradas para los conciertos, o encartación en formato digipack, elementos que le dan un valor extra a la copia original y es difícil que una copia pirata pueda reproducir. Y juega contra la industria el sacar reediciones de discos con esos valores añadidos cuando los fans ya se han comprado la primera edición. El razonamiento de las compañías es sencillo: sin reedición, el disco se pierde por los estantes de la tienda, mientras que si es novedad se mantiene más tiempo en lugares preferenciales. Siendo la música un producto de consumo por impulso, parece razonable que jueguen esta baza, pero olvidan que, al hacer este tipo de jugadas, el consumidor que compró el disco original en su primera edición se siente estafado y piensa que la próxima vez lo comprará pirata por si a alguna lumbrera de la compañía se le vuelve a ocurrir sacar una reedición. 

 

No podemos dejar este apartado sin hablar de los llamados sistemas anticopia. Básicamente son sistemas que intentan evitar lo inevitable (lo que coloquialmente se llama “ponerle puertas al campo”). Como muestra sirva este botón: hace bien poco Sony sufría el bochorno de ver como un simple rotulador permanente (los rotuladores que se utilizan para escribir en los CDs vírgenes los títulos) servía para violar los sistemas anticopia que habían anunciado como infalibles (básicamente eran un programa que al ser leído por la unidad del CD-ROM de un ordenador impedía su escucha, pero que al ser una pista de datos claramente diferenciable bastaba con tapar pintando en la cara de lectura del CD el principio, y así el lector laser no leía esa pista y saltaba a la siguiente, ya de audio, sin ningún problema). Y es que cuanto más alto se anuncian los sistemas anticopia, más interés tienen los hackers en ser los primeros en violar dichos códigos. Esos sistemas anticopia afectan, sobre todo a los usuarios caseros a los que resulta una auténtica molestia conectar la cadena de casa a la tarjeta de sonido de su PC (normalmente están en dos habitaciones diferentes), porque una vez que ambos dispositivos están unidos por un cable, sólo hay que ejecutar un programa que grabe la entrada en línea y otro que edite sonido para poder partir las pistas, tan sencillo como eso (porque, de momento, todos los CDs con sistemas anticopia son reproducibles en los reproductores normales de CD). 

 

¡Ah! Y para aquellos que compráis discos piratas pensando que apoyáis al grupo y fastidiáis a la compañía, un dato para la reflexión: es cierto que los grupos ganan más dinero con los conciertos que con la venta de discos, pero el caché de esos conciertos depende directamente de la venta de discos legales. Es decir, que a más discos pirateados, más fama pero menos caché y, de momento, las hipotecas no se pueden pagar con fama. 

 

¿Viento en popa? >|

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