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¿Viento en popa, a toda vela? |
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Pero no toda la culpa de la crisis discográfica reside en la piratería… Deberíamos analizar el panorama actual y ver por qué hace casi dos décadas que no surgen artistas de gran recorrido (como Madonna, Bruce Springsteen, U2… todos ellos ya eran artistas multivendedores a mediados de los ochenta). ¿Por qué? Porque las compañías, y hemos de aclarar que sólo hablamos de las majors (las cinco grandes discográficas multinacionales), las discográficas independientes funcionan cada una de una manera diferente, ya no creen en la formación de artistas que vendan un flujo constante de discos. Prefieren lanzar “talentos rápidos” que vendan millones de un disco aunque se estrellen en los siguientes. Ni más ni menos que la cultura del pelotazo en su versión más musical y llevada hasta los últimos extremos.
Además, estas majors (Sony, BMG, Warner, EMI y Universal) han pasado gran parte de los años noventa tan preocupados en la digitalización de sus fondos grabados antes de la llegada del compact disc, que han olvidado que la gallina de los huevos de oro se termina por agotar. Pero, ¿qué tiene que ver la edición en compact de un vinilo con la no edición de un disco de un artista novel? Pues mucho, porque la edición de un disco clásico se come la parte del presupuesto que en principio se destina a lanzar un nuevo grupo. La cosa es bien sencilla: imagina que tú tienes que grabar un disco a un artista que no sabes cuánto va a vender (que en el mejor de los casos estimas que puede alcanzar unas ventas de 200.000 ejemplares) y, además, tienes un disco que no tiene costes de producción (porque ya está grabado) y que, en el peor de los casos, prevés que va a vender 150.000 ejemplares. ¿Cuál editarías?
Pero no sólo las reediciones obstaculizan el lanzamiento de nuevos talentos, hay otro mal que amenaza la promoción de artistas noveles: los discos de grandes éxitos (en todas sus vertientes: grandes éxitos del año, grandes éxitos de grupos consagrados, discos tributo…). Discos que en su mayoría no aportan nada nuevo y que suponen una gran cantidad de fondos para la discográfica, pues hay una gran parte del mercado que se ha convertido en devorador de grandes éxitos porque está harta de comprar discos que contienen dos o tres buenas canciones y diez o doce que no son ni siquiera aceptables. ¿También eso es culpa de la compañía? ¿no es responsabilidad de los artistas lo que va contenido en un disco? Pues en la mayoría de los casos es una responsabilidad compartida, en parte porque las compañías presionan a los artistas y en parte porque los artistas aceptan esa presión. No son infrecuentes los casos de artistas a los que la compañía les retira los fondos para producir sus discos (que terminan saliendo con el material grabado hasta ese momento) o artistas que son presionados para sacar un disco atropelladamente para no “perder el contacto” con el público que ha comprado su disco anterior.
Pero, ¿a las discográficas no les interesa lanzar grupos o solistas que vendan mucho? La respuesta a esta pregunta es obvia: sí, claro que les interesa, lo que no está tan claro es si les interesa lanzar a grupos que vendan cantidades razonables de un primer disco y que vayan progresando y aprendiendo hasta alcanzar unos niveles de ventas constantes y regulares. Se busca el éxito inmediato, discos que contengan un par de singles y que se puedan vender masivamente, aunque para cerrar el larga duración haya que incluir hasta tres versiones de un mismo tema (¿alguien ha tenido en sus manos el disco de las Ketchup con sus tres versiones del “Aserejé”?).
Es evidente que las discográficas son las primeras interesadas en salir de la crisis, porque son las más afectadas, y que la bajada de los precios es algo que solventa parcialmente dicha crisis. Es el momento de que hagan un giro estratégico en su negocio y que empiecen a pensar en lanzar discos de artistas de alta calidad que, siendo hoy de alcance medio o corto, mañana pueden ser los que tiren del carro. Las discográficas deben darse cuenta de que el negocio que tenían ha variado drásticamente, que su modelo económico se ha visto superado por las nuevas tecnologías y que los que no sepan adaptarse a este cambio desaparecerán.
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