Maike Lüdenbach:
Con mucho gusto Un día ves una portada de un disco en un anuncio. Un vistazo y rápidamente piensas en la enésima nueva Avril Lavigne. Sin embargo hay algo extraño. La chica en cuestión “se llama” en alemán, está criada (y crecida) en Barcelona y canta en inglés. Buceas en la red y descubres palabras que despiertan recelos: modelo, Miami, multinacional… ¿Maike? Y sin embargo, en su web suena algo que no tiene que ver con todo eso. Porque, en principio, todos los indicios apuntan en la dirección de otra modelo caprichosa a la que le han grabado un disco. O en un ejecutivo avispado que sabe de la combinación “chica mona + música = éxito seguro”. Incluso en la hoja de promoción se curan en salud y mencionan esta hipótesis como paso previo para desmontar este temor. Pero claro, cuando te pagan, dices lo que quieren oír. Pero, insisto, lo que escuchas por los auriculares no tiene nada que ver. En primer lugar despejemos las nubes. Maike Lüdembach ejerció de modelo, sí, pero como ella aclara, eligió ese trabajo porque era una forma rápida de trabajar, independizarse, ganar dinero. También estuvo en Miami, de la mano de una multinacional, con la idea de grabar un disco. Cuando vio lo que se preparaba (el lanzamiento de otra chica guapa que, además, canta) rompió la baraja. Una chica de carácter, porque no todo el mundo sería capaz de decir adiós a algo que te venden como “la oportunidad de tu vida” para volver a Barcelona y empezar de cero con una discográfica pequeñita. Pero es que si algo queda claro cuando uno conversa con Maike, es que ella es una mujer temperamental y que tiene muy claro que este sólo es el primer disco de los muchos que han de venir. A veces uno no puede evitar cierta intimidación porque, con sólo dieciocho años, descoloca que tenga tan medidos todos los pasos que quiere recorrer en un futuro a medio plazo. Pero regresemos al disco. Admitámoslo, tiene ecos de Avril Lavigne (algo que no es sino un cumplido). Quizá más limpia de tanta rebeldía adolescente y con una intención más madura. El disco está lleno de canciones a ritmo de power pop guitarrero que sirven como vehículo para el lucimiento de su protagonista, que sabe aprovechar y sacar partido a esa situación para firmar un disco de debut notable. Admitámoslo, solo es música comercial ("but I like it") y, como en cualquier otro género, hay música comercial buena, música comercial mediocre y música comercial muy mala. Sin duda, Speak ur mind pertenece al grupo de los primeros. En primer lugar es un disco honesto. No pretende inventar nada y huye de artificios para aparentar esa modernidad que tan desesperadamente buscan otros. Más bien al contrario, este parece una apuesta sobre fórmulas muy trabajadas con la firme intención de entregar un producto sin fisuras, musicalmente muy compacto y que sepa convencer a un amplio abanico de orejas. De nuevo tenemos que exorcizarnos de otro prejuicio y es que, cuando uno habla de discos de fácil escucha, parece que sólo se puede tratar de discos vacíos y sin alma. Y este es uno de esos discos fáciles, pero en el mejor sentido. Un disco que entra hasta la cocina con melodías que pegajosas y muy bien construidas. Porque si algo deja claro es que una cosa es que sea un disco concebido para asaltar las listas de la MTV y otra cosa es que sea un bodrio. En fin, que parece que no somos los únicos que pensamos de forma prejuiciosa, a juzgar por la selección de los dos primeros singles, Ordinary Girl y Dirty Dancing (nada que ver con la película). No parecen las mejores canciones del disco, pero si que son las más adecuadas para establecer una distancia de seguridad con lo que la imagen de Maike y del disco pueden sugerir en un primer momento. Porque canciones como “Thank you” (tercer single), pueden sonar más blanditas, pero claramente, en contraposición con los singles anteriores cabe la reflexión acerca de canciones tranquilas que resultan incluso más contundentes por sus convincentes armonías. En esa categoría pondría otras perlas del disco como Addicted o Mirror (sublimes arreglos). En los hallazgos del disco también podemos incluir la versión del “Vicious” de Lou Reed y la imprescindible colaboración de Las Hijas del Sol en “Fight”, otro gran tema. Y, muy a mi pesar, tenemos que reseñar en el “debe” del disco los temas cantados en castellano. La voz pierde poder de convicción (parece que ni ella misma se creyese lo que interpreta) y, además, la lírica roza la ñoñería. Puede que las letras en inglés sean igualmente adolescentes, pero es que estamos mucho más acostumbrados a escuchar canciones de “I love you so much” que a temas de “Te quiero tanto”. Otra barrera cultural que algún día superaremos, pero entre tanto, cantantes melódicos del mundo: si vais a escribir letras autobiográficas con menos de veinte años, hacedlo en inglés. Pero a pesar de eso, Maike mola, que leches. Porque no todo tienen que ser obras de arte y ensayo, porque a veces simplemente te apetece mover el culo con ritmos y músicas que tampoco te planteen problemas. El disco mola y punto, aunque seguro que los críticos de sesudas publicaciones musicales estén prestos a despedazar un disco que no entra en su apretada definición de música. Si eres de los que piensan que el día tiene suficientes horas como para escuchar todo tipo de música, entonces “Speak ur mind” no te defraudará. Visita
la web de Maike Lüdenbach: www.maikeworld.com
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