Metro Rock: El rock
sale a la superficie Un festival que es capaz de juntar a artistas que no necesitan más presentación que su sola mención (gente del talento y del calado de Bebe, Amparanoia, Josele Santiago, Siniestro Total, Delinqüentes, O’Funk’illo o Elefantes) merece todo nuestro respeto. Si a esto sumamos a gente como Muchachito (la nueva sensación de la música de fusión), The Sunday Drivers (en el año de su confirmación como esperanza blanca de la música indie de nuestro país), Nacho Vegas (ese entrañable freak capaz de construir oscuros discos a la altura del Tom Waits más opaco), Kannon (el rock patrio pasa por Galicia) o Def Con Dos (los más gamberros han vuelto), entonces merece una mención especial por el mérito de mezclar sin prejuicios pero con exquisito criterio. Pero es que si decimos que en toda la nomina de artistas mencionados nos hemos guardado las cabezas de cartel, entonces es que estamos hablando de uno de los festivales más potentes que se van a celebrar este verano en nuestro país. ¿Cuáles son esos ases en la manga? Ni más ni menos que Beck, Morcheeba y Ani Difranco. Vamos, que, en lugar de un festival de música, aquello tiene visos de ser una auténtica convención de carisma. ¿Carisma que sale del Metro? Expliquemos la etimología de la denominación del nombre del festival, porque, contado así, la cosa no tiene mucho sentido. Metro Rock vino a nacer en el año 2000 como una exposición de fotografía musical que, para darle más atractivo, se acompañaba de una serie de conciertos. El lugar elegido para ambas actividades eran los vestíbulos de diferentes estaciones del Metro de Madrid, que, por unos días, se convertían en improvisadas salas de conciertos y exposiciones. Durante tres días pasaban todo tipo de artistas (habitualmente eran grupos que buscaban una oportunidad y que, en su mayoría, acabaron encontrándola), de todo tipo de géneros y todo tipo de condición. Su público, en su mayoría, eran extrañados usuarios del suburbano que se acercaban con curiosidad a escuchar mientras esperaban a aquel amigo que llega siempre tarde. La iniciativa tuvo un éxito relativo, sobre todo como vehículo de acercamiento de la música menos comercial a ámbitos más generalistas. La osadía de llevar música al Metro (hasta entonces era el Metro el que acercaba a la gente a la música) tuvo su continuación en nuevas ediciones. Poco a poco la selección de artistas se fue afinando y se vivieron momentos de auténtico delirio (como el concierto de O’Funk’illo en la estación de Príncipe Pío, en el que literalmente no cabía ni un alfiler y hubo gente que debió de seguirlo más allá de las taquillas). Así, el año pasado, hubo un replanteamiento del concepto fruto del cual la música “se salía del Metro”, como rezaba el lema de la anterior edición. Ubicando el festival en un espacio abierto (en la Explanada del Lago de la Casa de Campo de Madrid) se articularon dos jornadas con un cartel abierto (que cubría del hip hop de SFDK al sonido más rockero de Sôber, pasando por el pop más comercial de la mano de Aleks Syntek) y cargado de juventud y talento. El excelente resultado (más de 26.000 espectadores) ha servido para una nueva vuelta de tuerca al Metro Rock y para que se planteen dar un salto que les coloca cara a cara con Festimad, la gran referencia del verano en Madrid… hasta el momento. Dos escenarios, dos días, entradas a precios razonables, cartel cuidadosamente seleccionado… En fin, que todo suma para que se convierta en uno de las apuestas más recomendables para el periodo estival. Encima no hay problemas de comunicación con el recinto, al que se puede acceder con un transporte público fiable, limpio, moderno… Sí, se puede ir en metro. En la página web del festival (www.metrorock.net) hay biografías e información de todos los participantes en el festival, además de vínculos a los puntos de venta en los que podéis adquirir vuestras entradas. Visita la web de MetroRock: www.metrorock.net Lee todo sobre Festimad Sur, el festival de la zona Sur de Madrid... aquí.
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