Delinqüentes: Culpables de crear buen rollo
por Jose Antonio Menor (jamenor@sinetiquetas.com)

Hay discos que tienen el poder de cambiar tu estado de ánimo. Basta con pulsar un botoncito y, mágicamente, una sonrisa comienza a dibujarse en tu cara. Claro que cuando el disco se llama “El verde rebelde vuelve”, pues casi como que ni necesitas escuchar un compás para que se te cambie el gesto.

Hace un año nos despertábamos con la terrible noticia del fallecimiento del Migué, a la sazón cantante y compositor principal de Los Delinqüentes. Su pérdida, una desgracia para el panorama musical español, se presuponía definitiva para el grupo en el que participaba. Aún así El Canijo y Marcos nos daban una lección de pundonor, respiraban hondo asimilando el golpe, y prometían el regreso en forma de disco a pesar del duro revés.

Y doce meses de espera nos han traído uno de los discos más importantes de este 2005. Grande por muchas razones, este tercer disco del grupo destaca porque a pesar de tener todo a favor para continuar la línea más oscura de “La arquitectura del aire en la calle”, supone un giro a la luz, a la esperanza, al optimismo, a su primer “El sentimiento garrapatero que nos traen las flores”. Y sí, aquí hay también hueco a la crítica a esta sociedad que tantas veces bordea en el más delirante surrealismo, pero desde un punto completamente festivo y burlón.

Así se pasa revista a algunas de las instituciones fundamentales de nuestra civilización (los políticos, la Guardia Civil y la prensa rosa) con la mueca de resabío de esos “niños” (no olvidemos que El Canijo, autor de las letras, roza de milagro los 22 añitos) que se las saben todas. Mala baba disparada a bocajarro contra personajes con nombres (sin apellidos, porque no los necesitan) como esa insistente Karmele (“que el ejército te teme, querella va, querella viene”). De esta forma impregnan todo el disco con esa forma de ver el mundo que han mamado de sus mayores (muy especialmente Pata Negra y Kiko Veneno) y que invita a hacer de cada canción una doble (o triple) lectura.

Pero la presencia de sus maestros no es sólo de espíritu, Kiko y Rafael Amador vuelven a aparecer en los créditos del mismo disco (en canciones separadas, eso sí) y suman a una nómina de colaboradores de lujo que incluye a Gualberto (sitar del grupo Smash, una leyenda del rock andaluz de los setenta), Diego Carrasco (sin duda uno de los más grandes del flamenco actual) y a Bebe. Lo de esta última merece especial mención, pues aunque en principio su inclusión fue sugerencia de la discográfica, la magia rodea su participación. Ella, “garrapatera” (fan del grupo) de toda la vida, se moría por cantar con ellos y forzó un encuentro en el que la afinidad fue completa. Fruto de esa conexión surge uno de los temas más redondos del disco.

Otro momento cumbre es la participación del Migué. Su voz forzada se eleva por encima de la escasa calidad de la grabación casera en la que está registrada y abre otro de esas composiciones que justifican la adquisición de un disco. También suma la participación del Daviles, miembro de La Banda del Ratón (la banda que acompaña a Marcos y al Canijo), cuya voz siembra la duda acerca de si no será el mismísimo Robe (Extremoduro) el que participa. Por activa y por pasiva ellos lo desmienten (da la impresión de que les sorprende esta “polémica”).

Pero es este es un disco lleno de momentos de genio y arrebato. Incluso las canciones escritas en clave más de broma personal (como “Trabubulandia”, un homenaje a su universo más íntimo) tienen ese punto de contagio que facilitan que uno se sienta parte de ese sentimiento garrapatero que, en este caso, nos traen los Delinqüentes.

Eso sí, aclaremos antes de cerrar este artículo que no sólo de entusiasmo y de golpes de inspiración se alimenta este disco. No es este un disco fruto de accidentes afortunados, porque la limpieza con la que se escucha todo no puede deberse a la suerte. La técnica al toque (sigo sin creerme que sean tan jóvenes tocando con ese arte), los arreglos tan en su punto, sin concesiones innecesarias, la producción tan nítida… todo eso es mucho trabajo que, de puro bueno, puede pasar desapercibido, pero que merece un justo reconocimiento.

Es este, en definitiva, uno de esos discos que merece la pena comprar, uno de esos discos “pata negra”, y nunca mejor dicho que en este caso. También podríamos decir que es un disco de puro “veneno”, porque una vez que se escucha, uno queda enganchado a su sabor. Pero es mucho más, porque los alumnos superan (y si no, al menos alcanzan) a sus maestros y nos dejan un disco que será de obligada escucha para aquellos que, en un futuro, quieran saber qué era eso del rock con sabor flamenco.

Larga vida, pues, a los Delinqüentes, y larga vida también al recuerdo del Migue (otro genio cuya valía sigue sin ser reconocida en su justa medida). Larga vida y que sigan viniendo discos como este, discos que alegran el corazón y alimentan el alma de sonrisas.

Visita la web de Los Delinqüentes: www.garrapaterosdelmundo.com
Lee nuestra entrevista a Los Delinqüentes, aquí.

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