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Segunda Etapa: MULABE Al final del desierto, siempre hay un oásis
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Nombre completo: Festival de MUsica LAtina de BEnicassim. Lugar: Benicassim (Castellón) Fechas: 16, 17, 18 de julio de 2004. Número de asistentes: No disponemos de datos. El sábado 17, a ojo, calculamos que habría unas dos mil personas. Diagnóstico general: Intenta ser el FiB latino (por aquello de que se celebra en el mismo recinto pero con una onda musica muy diferente) pero no consigue. No sabemos si fue falta de publicidad (el cartel era envidiable) o que algún elemento se cortocircuitó, pero el caso es que no podemos hablar de éxito. Muy buenas intenciones y muy buenas ideas, pero no sólo de pan vive el espectador. Valoración: Regular. Necesita mejorar. Desde aquí confiamos en que se aprendan de errores cometidos y que la próxima edición sea todo mucho mejor.
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En la costa castellonense existe la vida más allá del FIB y esa vida se llama MULABE (Festival de Música Latina de Benicassim). Caben en ese cajón de sastre que es la etiqueta de "latino" desde la salsa más rabiosamente caribeña al flamenco-punk más lúdico, aunque de agradecer fue que la organización organizase tres veladas en las que se separaban las churras de las merinas, quedando un cartel "caribeño", uno de música "alternativa" y otra de música puramente "comercial".
Problemas de logística motivaron nuestra ausencia en la noche caribeña y problemas de conciencia causaron nuestra deserción en la noche comercial (jornada televisiva con Chenoa y Fran Perea). Así pues, nos aferramos al estupendo cartel que se presentaba para el sábado y cogimos nuestras cámaras y nuestras libretas dispuestos a disfrutar de los directos de tantos artistas que nos hacen vibrar con su música.
Nada más llegar la primera sorpresa. Pensábamos que íbamos fatal de tiempo (llegamos al recinto a la hora supuesta de la primera actuación) y al franquear la entrada nos encontramos un ambiente desangelado (poética manera de decir que allí no había ni cincuenta personas). Disculpe, ¿es aquí lo del MULABE? Sí, pero es que, como la RENFE en sus peores tiempos, hay retraso… Bueno, pues haremos tiempo por los puestos de camisetas (un diez a la intención solidaria de este festival: accesible para todos, colaborando con Amnistía y con Intermon…).
Con una hora de retraso llega al anden el expreso Malabar. Su elegante manera de entender el pop no encuentra hueco en las radio fórmulas pero conquista a los curiosos que se acercan a escucharles, en su gran mayoría ignorantes de quién o quiénes están provocando su deleite sobre el escenario. Carlos Jean eleva la temperatura con su aparición que se convierte en un visto y no visto pues tiene que salir corriendo camino de su rueda de prensa acompañando esta vez a Bebe.
Allí está ella. Enamorando a los objetivos de cuantos medios estamos allí acreditados, meditando sus respuestas. Da la impresión de estar un poco abrumada por el éxito (envía "Politono Malo" al…) y de no terminar de creerse tanta expectación. Carlos a su lado apenas es interrogado pero ejerce de talismán para la menuda estrella. Las preguntas caen en los tópicos y las respuestas ofrecen poca información jugosa así que abandonamos la sala para volver al escenario donde se baten el cobre Los Anónimos.
Su nombre pretende ser una ironía pues la nomina del grupo incluye a lo más granado del pop español de principios de los ochenta: Germán Coppini (Siniestro Total, Golpes Bajos), Patacho (Glutamato Ye-Ye), Ñete (Nacha Pop, Derribos Arias) y Fernando Martín (Desperados). Y sin embargo la ironía está en que el pop que tanto despreció a Hombres G por facilones, regresa ahora aprovechando la vuelta del cuarteto liderado por David Summers. Sólo una pequeña, pero importante, diferencia: a los G los reclamó el público… ¿quién ha pedido que vuelvan estos? ¿Un motivo más para el desaliento? Fernando Martín, bajista de Los Anónimos, es un crítico reputado que escribe en el diario nacional más vendido de la prensa española. ¿Con qué cara se atreve este a criticar la música de los demás?
Las interrupciones entre concierto y concierto consiguen apagar la euforia de los más entregados. Sólo nos consuela que la próxima en salir es Bebe y, aunque no la hemos visto nunca en directo, esperamos lo mejor de un repertorio armado con ese excelente disco de debut. Y sin embargo, metidos en faena, hay algo extraño, un no-se-qué que no funciona. Los músicos son más que correctos, ella le pone ganas, Carlos Jean aparece en dos temas, pero… Será el estrés del que se quejaba en la rueda de prensa, pero aquella máquina no está engrasada y aún no suenan a banda curtida en mil batallas.
Son las tres de la mañana cuando acaba Bebe y organizamos la huida del recinto. Carlos Jean coloca sus platos (hoy actúa su alter ego DJ) y junto a su hermano nos hace mover el culo antes de perdernos por las carreteras camino de nuestro hotel. Muy a nuestro pesar (y más al suyo, porque lo de empezar a tocar a las cinco de la mañana no es lo suyo) nos perdemos a Rakel Winchester. También perdemos la oportunidad de ver al Sargento García. Otra vez será, algunos de los presentes trabajamos y no estamos para tanto exceso. Mientras repasamos las notas que hemos tomado, ya en la cama, rezamos una oración al dios de la música para que el año que viene la organización no tenga tantos problemas para ceñirse a un horario más ortodoxo…
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