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Una aproximación a la música popular brasileña Capítulo 2: La Música Popular Brasileña hasta los años 70 |
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Ver capítulo primero: Los orígenes de la MPB
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[Por José María Marcelino ]
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Es frecuente identificar el término carioca con el Brasil más tópico, sin embargo en realidad solamente son cariocas los naturales de Río de Janeiro. En torno a 1900 era ya una populosa y cosmopolita ciudad en la que unos años después surgiría el foco musical de mayor trascendencia para el futuro de la música popular brasileña. Fue en esta urbe y por estas fechas donde apareció una forma musical que se puede considerar como una las primeras manifestaciones de la MPB anteriores al siglo XX: el choro, un tipo de melodía de compás 2/4 que antes de ser el género musical de gran calado popular que llegó a ser, no era sino otra forma peculiar de interpretar los valses y polcas de moda. Estos primeros conjuntos de choros estaban formados por músicos descendientes de aquellas orquestinas de de esclavos de finales del XVIII; unos años mas tarde esta formaciones las componían músicos profesionales provenientes de las numerosas bandas que proliferaban por la ciudad como la gloriosa "Banda do Corpo de Bombeiros do Estado do Río de Janeiro"
Muchos destacados músicos de aquellos años compusieron para estas "bandas" pero sin duda el caso más singular de todos es el de Chiquinha Gonzaga (para muchos la verdadera iniciadora de la MPB). Una mujer de origen aristocrático que rompiendo con todos los prejuicios de la época, los de su familia y los de un matrimonio de conveniencia, se ganó su vida y la de sus hijos como profesora de piano. La Gonzaga compuso unas setenta operetas y cerca de dos mil músicas de los más variados estilos (valses, polcas, maxixes y modinhas), dando a todas sus obras un genuino sabor "popular"y brasileño. Otros compositores de su tiempo fueron el también pianista Ernesto Nazareth o el mítico Pixinginha que llegaron a conocer los sonidos del jazz de Nueva Orleáns y las composiciones de Scott Joplin.
A partir de los años treinta del siglo XX los choros perdieron popularidad y sus componentes pasaron a engrosar las nuevas formaciones de un nuevo y arrollador ritmo que ya impregnaba las calles de las principales ciudades costeras: el samba. Sí, "el" samba, por que en brasileiro el término es masculino y no femenino, equívoco con el que esta forma musical se ha popularizado durante mucho tiempo en buena parte del planeta. Su ancestro (¡como no! africano) es un ritmo bantú: el "semba" cuyo significado tiene que ver con el especial golpe de vientre con el que se ejecutaba esta danza, un movimiento corporal habitual en muchos bailes de este mismo origen. Por otro lado se sabe que los propios esclavos negros llamaban "samba" a una primitiva ceremonia religiosa con plegarias celebrada a ritmo de batuque (nombre genérico que se daba todos los sones africanos de percusión), por lo que también se le ha dado al samba una connotación de súplica.
Fuera como fuere, el samba fue evolucionando al tiempo que lo hacía la primitiva cultura de los esclavos y a la vez que estos se convertían en ciudadanos brasileños. Poco a poco se convirtió en una danza cantada al modo africano, con un compás binario (2/2) y acompañamiento sincopado (ritmo en el que el acento musical se desplaza por prolongación de un tiempo débil sobre uno fuerte). Parece ser que dicha transformación se produjo cuando los negros bahianos, tras la abolición de la esclavitud y la crisis económica de 1890, migran hacia Río de Janeiro llevando consigo su trepidante rítmica, y también su miseria. La dureza de esta nueva vida de suburbio y marginalidad se combatía en la calle con la animación del samba de roda (los participantes puestos en corro repetían un estribillo que daba paso a la improvisación de un solista que estaba en medio), convocando a suficientes vecinos como para que las autoridades vieran en ello un desafío al orden público, por lo que estas concentraciones se veían a menudo interrumpidas por la policía.
De esta forma el samba se convirtió en un arma casi clandestina contra la pobreza. Sus adeptos se reunían en el Café Paraíso y también en las casas de las combativas "tías" bahianas, matronas negras fuertes y generosas en una nueva sociedad donde la mujer se convertiría en el elemento aglutinador de la comunidad conservando en su seno las tradiciones religiosas y musicales de los antepasados. Tal fue su importancia, que casas como la de Tía Ciata, que vivía humildemente de hacer y vender dulces y disfraces para el carnaval, reunió durante mucho tiempo a la que luego sería la "Velha Guarda do Samba"(Vieja Guardia): gentes como Ernesto dos Santos "Donga", a quien se le atribuye el registro en la Biblioteca Nacional de Brasil del primer samba conocido con el título de "Pelo telefone", en 1916. En enero de 1917 ya lo cantaba toda la ciudad, y en vísperas del carnaval carioca era todo un himno.
Este imparable ritmo sincopado había irrumpido con fuerza en el nuevo siglo y su estilo de vida urbano produciéndose auténticos duelos de canciones entre músicos bahianos y cariocas. Así personajes bohemios como Sinho, Caninha, Geltúdio Marinho o Heitor dos Prazeres saltaron a la palestra de los incipientes medios de comunicación de la época: a principios de siglo llegaban a Río los primeros gramófonos y en 1902 el primer disco, que junto con la aparición años mas tarde de la radio dieron una masiva difusión de los nuevos ritmos en esta primera década del siglo.Y con los medios de difusión surgieron las primeras estrellas nacidas de este nuevo firmamento mestizo que era la capital del estado: fenómenos musicales como Chico Viola que llegó a grabar más de quinientas canciones, el multitudinario Orlando Silva (la mejor voz de la MPB) o la mítica Carmen Miranda, una jovencísima chica nacida en Portugal que comenzó cantando tangos en español, llegó a rodar varias películas y fue una musa de la industria de Hollywood.
El impacto de la radio y el cine sonoro coincidió con la llamada "Era de Ouro" (1930-1940) y la aparición de los primeros compositores blancos, jóvenes bohemios de clase media con orígenes totalmente distintos a los del samba pero que aportaron un aire renovador a la música popular. En este tiempo la música brotaba por todo Río, desde las humildes cantinas del barrio de la Lapa o la plaza Tiradentes, hasta los nuevos templos sambistas como el elegante Café Nice en la avenida Río Branco. Noel Rosa, Ary Barroso, Ataulfo Alves, Geraldo Pereira y un largo y mestizo caudal de nuevos músicos de todos colores, inundó la bulliciosa ciudad.
Pero el samba, en su larga trayectoria musical, no ha sido uno solo sino que a lo largo de los años han convivido distintas modalidades: el ya citado samba de roda, también llamado partido alto, el samba-cançâo (samba-canción) de los compositores profesionales de los años 20 y que terminó pareciéndose al bolero latino en los años 40, el samba-choro que sirvió de adaptación a los antiguos conjuntos de choro al admitir en sus formaciones la percusión, el samba de breque (del inglés "break") mas sincopado y lleno de pausas con letras ocurrentes propias de los malandros ("pícaros" brasileños) y por supuesto el mas famoso de todos, el samba de carnaval o samba-enredo, creado especialmente para el desfile de las "Escolas de Samba".
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