Lee la entrevista exclusiva a Rakel Winchester para www.sinetiquetas.com
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Rakel Winchester: Rakel encuentra su sitio |
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¿Por dónde empezar a escribir acerca de Rakel Winchester? Quizá baste decir que con escuchar la primera canción de su disco uno ya sabe que aquello es tan verdadero como que el sol sale todas las mañanas. Y como un sol radiante se despliegan las letras y las músicas de este grupo con solista al frente. Porque Rakel Winchester es mucho más que una vocalista con banda, y eso es algo que se intuye a lo largo de todo el disco. Y es que "Vale, Montoya no soy" es un disco que supera en mucho las expectativas.
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[Por José Antonio Menor]
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Porque hemos de reconocer que antes de escuchar el disco, uno tenía ciertas reticencias. Digamos que tenía la drosophila melanogaster (o mosca común) detrás de la oreja temiendo que se tratase del enésimo intento del marketing de una disquera para encontrar una digna sucesora de las Ketchup y/o sucedáneos. "Buen rollito", sonido "falsoflamenco" y ale, a vender discos como churros. Y nada más lejos de la realidad, que cuando uno se equivoca, pues lo reconoce.
¿Sonido "falsoflamenco"? Ellos hablan de "flamencopan" pero mira que a mí me suenan mucho a flamenco y poco a punk. Flamenco fiestero, por rumbas, tocado con todos los sentidos. Desde luego muy alejado del deje que han estereotipado hasta la extenuación en tantos y tantos subproductos cuya máxima aspiración era a convertirse en canción del verano. Un flamenco actualizado pero que vuelve a la raíz porque aquí se escuchan historias que nacen de dentro y cuentan cosas.
Y es que, probablemente, el mayor acierto del disco son unas letras en las que, utilizando un lenguaje descarado (léase palabrotero, que diría mi madre), cada canción es una historia. Algo tan sencillo como infrecuente. Las anécdotas se van sucediendo y, desde la perspectiva del humor, vamos descubriendo un disco casi conceptual. ¿Un musical? Pues casi. En el orden apropiado se revisa la historia de amor de Los Tarantos ("Vale, Montoya no soy, (pero tú no eres Taranto)") pero traída al siglo XXI: paya conoce a gitano. Un homenaje desde la parodia (lo que no impide que se trate de un homenaje en toda regla) y un manual de choque intercultural escrito desde el humor más corrosivo y ácido. Para los corazones sensibles vaya por delante que acaba bien ("mi suegra ya me invita a las bodas", se apresura a aclarar Rakel en los directos).
Acaba muy bien, podríamos decir, porque fruto de la inspiración autobiográfica se ha parido uno de los discos más llenos de talento de los últimos tiempo. Arte, arte y más arte es lo que uno se encuentra en los sones que se escuchan. Porque las letras se crecen en un entorno musical que hace que la cosa tome cuerpo y nos dejen con ganas de jaleo y fiesta. Quizá la clave está en que Rakel Winchester no es una cantante. Rakel Winchester es la suma de Rakel junto a su trouppe, un único ente (indefectiblemente femenino: la mujer es la que lleva la voz cantante en este invento y la mujer es la que manda) que respira y vive al compás (flamenco).
Las intuiciones que nacen de escuchar compulsivamente un disco de esos que te atrapan, se convierten en verdades como puños al ver su directo. Rakel es un torbellino. Sus años sobre las tablas (en su grupo "El Txotxo de la Bernarda") pesan muy a su favor y desde el primer momento se mete en el bolsillo a todo el mundo. No sabemos muy bien en qué bolsillo pues las exiguas vestimentas que luce en el libreto del disco son el uniforme, que ya advertíamos que aquí no busque artificios, que todo es auténtico. "Ojú que arte, killo", uno se pregunta como será esta mujer cuando el domingo por la mañana baje a comprar el pan y el periódico.
En cualquier caso queda claro que es una artista de los pies a la cabeza, de las palmas a las cuerdas vocales. Esas cuerdas vocales que exhalan una "voz de Espinete", como ella define su propia voz, pero que resulta de lo más adecuada para este cronista. A priori podría ser que esa actitud punk (de su 50% "flamencopán") pidiese una voz más rota o con una personalidad más grave, pero se trata de sorprender y divertir. Y si en el disco ya suena imprescindible ese pito de voz diciendo con todo el salero del mundo eso de "yo entro al Lowen, te lo juro por mi coño", en directo uno no se imagina nadie más apropiado para cantar con total convicción los versos que forman el cancionero fundacional de "los" Rakel Winchester.
La calidad queda contrastada, pero la cantidad deja insatisfechos a los presentes. El tamaño, en ocasiones, sí que importa y todos echamos de menos un repertorio más grande. En el bis, tocan una versión de "Ramito de violetas" que Rakel hacía con El Txotxo de la Bernarda y que exige ser registrada ya mismo para el próximo disco. Agradecidos, con ganas de más y con una sonrisa de oreja a oreja, recogemos los bártulos hasta la próxima vez, aferrándonos al consuelo del disco. Una pena que en directo no se arrancasen a tocar el "jidentrá" (la pista "oculta", vamos) que redondea el compacto (una sorpresa que no vamos a desvelar).
Muy recomendable el disco y muy recomendable el directo. Ponle una pizquita de chispa y alegría a la modorra que nos invade en los calores del verano y regálate este disco. No te arrepentirás, palabrita de un converso.
| Vale Montoya no soy ha sido editado por Muxxic | | www.rakelwinchester.com | Web oficial de Rakel Winchester| |
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