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Siwel: Talento a los veinte años

Guitarras acústicas, sonidos limpios... Una receta simple (que no sencilla) que sigue funcionando si se cocina adecuadamente. Siwel consigue, con apenas veinte añitos construir un hermoso disco que despierta el apetito a los más exquisitos gourmets...

  

[Por José Antonio Menor]

 

En un mundo en el que casi todas las bandas quieren convertirse en los nuevos (y efímeros) reyes del nu metal es difícil encontrar propuestas diferentes. Más difícil es encontrar discos como el debut de Siwel, que más que buscar alternativas, plantea su nacimiento como una sorpresa al contraataque. Arreglos desnudos y una producción austera que elevan la limpieza del sonido a unas cotas impropias de estos tiempos barrocos en los que parece que si no hay saturación de pistas, no hay sonido elaborado. Y precisamente lo que uno percibe de este trabajo es todo lo contrario, el trabajo artesano que se desprende de materiales superfluos para construir canciones llenas de matices y recovecos que nos trasladan a mil y un sitios de nuestra memoria. 

 

Porque si hay una característica común a los 11 temas que componen este disco es su enorme poder evocador. Cada canción se transforma en un billete para un viaje sin destino ni parada, un tránsito emotivo por todas nuestras fibras sensibles. Sonidos que se acercan a la tradición de cantautores norteamericanos pero desde una perspectiva propia de alguien ajeno a las reglas del género, dotando de una personalidad única y distinta a unas melodías que se asientan sobre las seis cuerdas de una guitarra tocada con una sensibilidad llena de sobriedad y buen gusto.

 

Quizá el único pero que podemos poner a esta joya se refiere a las letras del disco (la juventud del artista pesa). La insistencia en tópicos acrecenta la distancia entre la profundidad de sentimiento reflejado por los instrumentos y la falta de ese "aquel" necesario para convertir una gran canción en una obra maestra. Quizá hubiera sido una buena ocasión para cantar en el propio idioma, pues uno tiene la sensación de que la falta de dominio absoluto de la lengua de Shakespeare acaba notándose en el resultado final. Eso sí, dejemos claro que se trata de un pecadillo que no empaña el excepcional producto que llega a nuestras manos.

 

Y dejemos a un lado los elementos negativos, porque esa falta de entidad de los textos que achacamos al disco, queda disimulada, paradójicamente, por el uso del inglés (no nos engañemos, aquí poca gente entiende la lengua de la pérfida Albión), y por una voz que lima cualquier aspereza. Además, lo verdaderamente importante ocurre en ese idioma universal que no entiende de fronteras que es la música. Y es que, insistimos, estamos ante uno de esos discos que uno paladea con la certeza agridulce de que si en lugar de alguien de este lado del charco lo firmase un norteamericano, se terminaría convirtiendo en un disco de culto.

 

Al menos nos queda el consuelo de que alguien (un aplauso para Zebra Records) se ha puesto manos a la obra para difundir un trabajo que debería hacerles sentir orgullosos de su labor como discográfica. Porque puede que no venda ni una millonésima parte que tantos pero desde luego pocos podrán tener más justificado el mirar de frente y sacar pecho por un disco tan delicioso como este. Francamente recomendable.

 

| Call me Mr. Sad | Descárgate aquí el tema "Call me Mr. Sad" de Siwel (Botón derecho y "guardar como" |

| www.zebrarecords.net | Página oficial de Zebra Records |

 

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