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Josele Santiago: Volverán las oscuras golondrinas 

  

Ahora va el cabrón de Josele y demuestra que hacer un gran disco es más sencillo que hilar el bajo a un pantalón. Tome nota de la receta: Junte un puñado de buenas canciones con el productor más adecuado, vístalas con una banda de impecables instrumentistas, de esos a los que el oficio les sale por los poros, cocine el combinado a fuego lento y degústese con un buen vino.

  

[Por José Antonio Menor]

  

Cuando Los Enemigos echaron el telón en 2001, muchos de los más fieles seguidores de la banda no terminaron de creerse la disolución de una banda que tantas alegrías les había dado. Sí, admitámoslo, había pistas (dos discos recopilatorios como homenaje pero que también podían interpretarse como una infalible muestra de que el proyecto estaba acabado) pero ¿por qué no mantener la ilusión de una marcha atrás en el último momento y la reunión del cuarteto malasañero por excelencia?

 

Los diferentes proyectos de sus honorables ex-Enemigos fueron apareciendo, pero Josele no decía esta boca es mía. Si acaso una versión cursi para un disco de versiones cursis de canciones infantiles firmada como Maestro Pocero, algún concierto por el Foro utilizando idéntico pseudónimo, y la perenne amenaza del inminente primer disco de "la nueva banda del ex-vocalista de Los Enemigos". Tres años después seguíamos esperando.

 

Y no éramos los únicos, porque el propio Josele esperaba una respuesta. Había grabado una maqueta con su guitarra acústica y había hecho las maletas de Virgin para hacer un auténtico borrón y cuenta nueva con su vida anterior. Pero la respuesta en todas las compañías era el ubicuo "ya te llamaremos" que nunca terminaba de concretarse. Finalmente el hijo pródigo regresó a casa y su discográfica de toda la vida aceptó encantada producir y distribuir su primer disco en solitario.

 

Muchas de las canciones habían sido compuestas en la última etapa de Los Enemigos, pero su autor no las veía en manos de una banda acostumbrada a trabajar con altos voltajes. El tempo de sus composiciones le pedía a su creador un tratamiento más tranquilo, más íntimo, más suave (de más "roll" y menos "rock"). "¡Maldita sea!", debió pensar, "el rockero se ha convertido en un compositor de rhythm and blues al viejo estilo". Y es cierto que Los Enemigos tenían su lado sensible y más tranquilo, pero aquellas pequeñas joyas pedían otra cosa a su padre.

 

La respuesta a todos sus problemas la tenía un vecino suyo, Nacho Mastretta. Mastretta, especialista en atmósferas vaporosas muy alejadas del mundanal ruido del rock, era precisamente uno de los últimos productores en los que cualquier seguidor de la carrera de Josele (incluido el propio Santiago) hubiesen pensado a priori como el hombre adecuado, y quizá por esa misma razón se convertía en la mente más indicada para dar un revolcón a las canciones que componen este "Las golondrinas etcétera". 

 

Ya en sus primeros encuentros con el objeto de trazar un plan de ataque a los proyectos de canción grabados en la maqueta participa Pablo Novoa (ex-guitarrista de Golpes Bajos y con el que Mastretta preparaba Cruza el Atlántico, grabado por los mismos músicos, mismo productor e idéntico modus operandi), otro a quién Josele admira (y que ocasionalmente había colaborado con Los Enemigos) pero de cuya tradición musical se sentía más bien lejos. Finalmente se atreve a tirarle los tejos al gallego que, complacido por el cumplido que supone la llamada, pone al servicio del madrileño su banda en pleno (Ricardo Moreno, ex-Ronaldos a la batería; Luca Frasca al piano y teclados; y Pablo Navarro en el bajo).

 

Tras el contacto con los músicos en un local de ensayo, mientras preparan la grabación del disco, Josele se va sintiendo cada vez más cómodo con una banda a la que, en los primeros días, trataba con la desconfianza de quien pone los cuernos a su mujer de toda la vida con una amante que sabe ocasional. "No sabía si estaba en un local de ensayo o en el plató de Redes", llega a afirmar de sus primeros ensayos y es que es difícil dar el salto de una banda de amiguetes (todos ellos excelentes instrumentistas, por cierto) a tocar con el grupo de otro (con la consecuente adaptación a nuevas manías, nuevas maneras de trabajar…). 

 

Los compases de "rhythm and blues piden a gritos grabar en directo", concluyen productor y producido, así que se ponen manos a la obra. Se encierran en un estudio en el que la banda suena al unísono, como se hacían los discos antes, y Mastretta se erige, literalmente, en director de orquesta (nadie puede dejar de ver las tomas alternativas que se incluyen en el DVD que acompaña al disco). Según su propia versión, en el disco se oyen imperfecciones (a nuestro juicio, la cosa suena como los ángeles, es que estos músicos a veces se pasan de tiquis miquis).

 

Porque si hay un calificativo que pueda definir este trabajo es "obra maestra": por los matices, por la sonoridad, por ese dominio de tempos y ritmos, por esas letras tan llenas de retranca y tan abiertas a todo tipo de interpretaciones (algunos dirían "tan Enemigas"), por los ecos de los grandes rockautores norteamericanos del último cuarto de siglo (Waits, Young, pero sobre todo Costello), por la forma de exprimir esa voz tan suya y llevarla a terrenos prácticamente inexplorados pero con una eficacia que parece que ese ha sido su hábitat natural... Resulta francamente difícil destacar un solo detalle que sobresalga por encima del resto, porque este es uno de esos raros discos grabado en estado de gracia de productor, artista, intérpretes… 

 

El tiempo pondrá a cada uno en su sitio, pero no puedo dejar de tener la impresión que, dentro de unos años, cuando se glose la historia de la música popular española de la primera década del siglo en el que estamos, "Las golondrinas etcétera" estará en un lugar de privilegio. ¡Olé, Josele! Por muchos años y por muchas veces. 

 

Las golondrinas etcétera es el nuevo disco de Josele Santiago y ha sido editado por Virgin. 

 

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