Capítulo 1: Los orígenes de la  Música Popular Brasileña (continuación) 

En cuanto al folclore, entendido como el conjunto de cánticos y danzas populares que surgen de la tradición y el anonimato, frente a la música popular cuyos autores y forma de difusión si conocemos, tiene en Brasil un desarrollo e historia similar al que venimos describiendo. De entre las muchas danzas originales surgidas de este rítmico y cálido país, cabría destacar tres de sus manifestaciones por ser las más conocidas y peculiares:

 

Batuque o batucada. Denominación para cualquier danza de origen africano interpretada con instrumentos de percusión y sin una coreografía definida.

 

Capoeira. Traída a Brasil por esclavos angoleños disfrazada como baile, permitía a estos entrenarse para la lucha sin despertar las sospechas de sus amos y tiene cierto parecido a las artes marciales orientales en cuanto a la utilización acrobática de manos y pies. A finales de 1800 fue prohibida por la policía, transformándose más tarde en un simulacro de lucha donde la coreografía y el balanceo del cuerpo van creando formas armónicas al son del berimbau.

 

Lambada. Descendiente de los primitivos bailes en pareja del periodo colonial, se bailaba en los años treinta en Belem. En 1990 se popularizó en todo el mundo convertido en una sensual y atrevida aproximación de los cuerpos en pareja.
Otros bailes y danzas negros son el Baiao, la Crianda, el Frevo, Xote o la Xula.

 

Por su parte los instrumentos de percusión con los que se acompañan estas danzas y ritmos son especialmente ricos en Brasil, y como éstas, tienen su origen en África central y occidental. Algunos de los más conocidos, dada su actual utilización y difusión entre los percusionistas de jazz u otras músicas de fusión, son:

 

- El afoxé, cabaça o xequeré. Originalmente una calabaza hueca envuelta por una redecilla ala que se han anudado semillas o cuentas de collar.

 

- El agogó. Dos pequeños cencerros unidos por un mango que se percuten con una baqueta de madera.

 

- El pandeiro. Pequeña pandereta con parche de piel y sonajas metálicas. Prácticamente idéntica a la pandereta española.

 

- El tamborim. Un pandeiro sin sonajas que se percute también con baqueta.

 

- La cuica. Un pequeño tambor cilíndrico del tipo a una zambomba pero con la caña de bambú invertida e incrustada en la piel del parche en el interior del tambor.

 

- El surdo. Gran bombo de pasacalle, también cilíndrico, que se golpea con un mazo con la cabeza de fieltro o lana.

 

- Y por último, el berimbau. Especie de lira africana de un solo arco tensado por una única cuerda metálica y una caja de resonancia en su extremo inferior hecha con una calabaza hueca. Se toca percutiendo la cuerda con una pequeña vara mientras se tensa la cuerda con un dedo.

 

Para entender la importancia y significado de los bailes y danzas tradicionales en Brasil, hay que volver a incidir en el mestizaje del propio país y su sincretismo religioso: animismo indígena, magia africana y superstición católica.

 

Aquellos esclavos desembarcados por traficantes franceses y holandeses en las costas de Brasil procedían de las mismas áreas geográficas que el resto de los negros con los que los colonos europeos repoblaron plantaciones y campos de algodón desde Nueva Orleáns hasta Uruguay, pero es en las islas del Caribe y en el mismo Brasil donde perduraron dioses, ritos y ritmos de su África natal. Por eso, mientras que en Norteamérica, Yucatán o Perú el cristianismo y sus intransigentes prelados acabarían con sus tradiciones, en Cuba, Haití y por supuesto Brasil, a pesar de las primeras prohibiciones, los descendientes de esos esclavos negros supieron adaptar los propios mitos y orixas (dioses) al santoral católico. De esta forma el candomblé, palabra con la que se designa de igual modo esta nueva religión como su entorno musical, el mismo que hoy día se practica en Bahia, punto de partida del sincretismo religioso en Brasil, conserva intactas las ancestrales creencias de los primeros esclavos llegados a esta emblemática ciudad. 

 

(Continuará)

 

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