Javier Álvarez: Con tiempo y despacio 

  

Empecemos por el principio y el principio es “Uno”. Hace de esto ya algunos años y el márketing era como el de ahora: “El disco de Javier Álvarez refleja a una generación, y su canción “La edad del Porvenir” se constituye en himno generacional para todos aquellos jóvenes a los que les ha tocado vivir en estos conflictivos tiempos”. Era el máximo exponente de la emergente nueva generación de cantautores y a mí me parecía un tipo bastante pesado

  

[Por José Antonio Menor]

  

Por un lado estaba en todas partes (llegó incluso al número uno de Cuarenta Principales, con lo que de saturación tiene eso) y por su culpa me perdí a tantos y tantos magníficos cantautores encerrándome en la estúpida convicción de que si aquel era el mejor de los cantautores, aquel movimiento no merecía absolutamente nada. No todo es negativo, claro, porque gracias a Javier Álvarez presté atención a un verso de un, entonces desconocido, grupo que decía: “muy a mi pesar no he sido yo el que asesinó al último cantautor”. 

   

Demos un salto en el tiempo. Han pasado “Dos”, “Tres” y “Grandes Éxitos”. Le volvía dar una oportunidad a “Grandes Éxitos” por aquello de que tenía una versión de Orzo Wei (jóvenes abstenerse), el tema de entrada de la serie de televisión más antigua que mis neuronas son capaces de recordar. Y digo una, porque tras una escucha del disco no volví a confiar mucho en que Javiér Álvarez me fuese a dar una alegría. Ni siquiera el haber cambiado de discográfica (de Chrysalis a DRO) había servido para que remontase el vuelo.

.

Nuevo salto hasta el mes pasado concretamente. Hojeo una revista especializada y leo una entrevista con el objeto de este artículo. Un sujeto peculiar sin duda. Ha pasado graves crisis psicológicas (no me extraña, pienso para mis adentros mientras continuo leyendo la entrevista) y ahora vuelve a la carga con un disco que, según él, es su disco más completo. Esto no me sorprende por que todos los músicos en promoción dicen que su último disco es el mejor. Cuenta cosas de su vida personal y me empieza a caer mejor (sí, ya sé que un crítico (o aspirante a crítico) no debería dejarse ablandar por la casuística personal del artista, pero es que me puede, qué le vamos a hacer… Además los que dicen que no les afecta mienten).

 

Además hay otro detalle que despierta mi simpatía y mis ganas de comprarme el disco: su precio. Ha conseguido negociar con la compañía y ha dejado el precio en seis euros (mil pelillas de las de antes). Acudo a la tienda de discos más cercana y adquiero mi copia de tiempodespacio. Ni abro la carpetilla porque no quiero dejarme influenciar por nada (ya me he dejado lo suficiente) y empiezo a escuchar el disco con un cuchillo cerca, por si tengo que hacerme el harakiri antes de morir de aburrimiento. 

 

Play, una, otra y otra. Van cayendo las canciones una tras otra y tras la primera escucha ya hay cuatro canciones que me dejan impresionado: “paciencia infinita”, “trampa”, “cuando haces pop” y “ni na no”. Me replanteo mi existencia. Vuelvo a escuchar el disco. La nómina de canciones memorables aumenta con la segunda escucha. Joder, el disco está genial, parece que a la quinta ha ido la vencida. Siento necesidad de contárselo al mundo y así hago. A la gente le da igual que les hable de una voz dulce, cantando a media voz (en ocasiones directamente susurrando), modulando con exquisitez y templando perfectamente.

 

Tampoco importa que les cuente que las letras desbordan una ironía inteligente, fina y punzante que me han hecho rendirme (eso sí, en algunas canciones te lo podrías haber currado más, amigo Javier). Nadie me hace ni caso cuando les digo que los contenidos son de una actualidad rabiosa (siempre me ha gustado esa expresión) pero tratados desde una inmediatez que resulta demoledora. Ni que decir tiene que ya nadie me escucha cuando digo que, sinceramente, es de los mejores discos que he escuchado en este año… A nadie parece importarle nada dejar pasar un disco sencillamente excepcional.

 

Todos se escudan en lo mismo: ¿qué va a decir un fan confeso de Ismael Serrano de un cantautor como Javier Álvarez? Ejem, ejem, que yo soy fan de Ismael Serrano, pero a mí Javier Álvarez… “¡Que no! ¡que no! Que a mí no me la das con queso”. Desisto y resuelvo: Recomendaré enardecidamente a los lectores de Sin Etiquetas mi penúltimo descubrimeinto (el último siempre está por llegar, ya sabéis). ¿Cómo? Pues haciendo a caballo entre una narración tipo anuncio de compresas y la Columna del Sordo (por dios, Marcial, no me juzgues mal, que no quiero decir que tus columnas parecen anuncios de compresas…). ¿Para qué? Para que la gente vea claramente que me he quedado deslumbrado por el nuevo disco de Javier Álvarez y que eso no tiene nada que ver con mi querencia por la música de (algunos) cantautores.

 

Aclarada mi posición personal vamos a ello, siendo ello la crítica del disco. Hay una canción que define el espíritu de este disco y quizá del nuevo Javiér Álvarez: “Cuando haces pop”. Sí, es una parodia (¿o un homenaje?) al lema de las patatas fritas esas que vienen en tubos y también se reproduce la segunda parte del slogan: Cuando haces pop, ya no hay stop. Y eso es lo que hace Javier Álvarez en este disco: pop y del bueno. Del muy bueno.

 

Sin ir más lejos esta canción de “cuando haces pop” huele a Mecano por los cuatro costados. Al mejor Mecano, para ser exactos. Pop despreocupado con mucha ironía. Receta que aplica también a “ni na no”. ¿Qué hay más “poppy” que un estribillo que diga “ni na no” como si de un tarareado se tratase? ¿puede haber algo más alegre y sin sentido? Bueno, en este caso no es sin sentido, porque la mala leche aparece cuando entroncamos el resto de la letra con el estribillo y vemos que “ni na no” es en realidad “Nina no”.

 

También es deslumbrántemente popera “trampa”. Una introducción sorprendente (una banda que evoca a la Semana Santa) da paso a una formación clásica (bajo, batería, guitarra, formación presente en casi todo el disco, exceptuando las canciones de Javier a solas con su guitarra) que simplemente lo borda. Una letra que invita a la diversión (“Hay que jugar”, que según el propio Javier Álvarez es el lema que rije su vida) y que nos habla de las trampas que nos pone la vida desde un punto un tanto naïve. 

 

De las cuatro que decía que me habían deslumbrado a la primera escucha ya sólo falta presentaros “Paciencia infinita”, la primera canción de amor hecha por un cantautor a un guardia civil. Creo que ya lo he dicho todo acerca de la letra con ese resumen, pero quedaría coja esta descripción de la canción si obviase la composición musical que sustenta y da cuerpo a la historia narrada. Una melodía simple, sin grandes alardes, pero francamente pegadiza, te seduce y se queda contigo, y te hace tararear eso de “paciencia infinita, libertad llevadera…” sin que te des cuenta. Eso es la música pop ¿no?

 

El resto de canciones no desmerecen para nada a estas cuatro joyas, pero tampoco os voy a destripar el disco. “lover lover lover” (primer single), “si me miras”, “banali banali”… no sólo no desmerecen sino que encajan pefectamente, dotando de tempos más lentos y composiciones más complejas, para armar uno de los discos más redondos de este 2003 que ya se nos va. Sólo hace falta que nos dejemos los prejuicios y las etiquetas en casa para que caigamos rendidos ante la explosión de buena música que es este “tiempodespacio”.

 

Quizá ahora, tras estos párrafos de preparación estéis preparados para escuchar algunas frases que Darío Vico escribe para su hoja promocional (no olvidemos nunca que el que la escribe suele ser amigo del artista y que encima cobra por decir lo que dice): “Javier quiere vender su disco a seis euros (…), quizás porque sabe que ahí hay canciones. (…) La producción de “tiempodespacio” derrocha ideas en vez de gastos, y abunda en soluciones clásicas enriquecidas con detalles de vanguardia. Salvando las distancias, lo que ha hecho Suso con Javier es lo mismo que consigue Mirwais con Madonna, que sus canciones estén tan equidistantes de lo estándar como de lo sofisticado, que se peguen al oído del oyente medio, el que se queda con un estribillo, con una melodía o un verso simplemente porque le gustan, pero que seduzca al que busque una segunda lectura bajo la canción. (…) “tiempodespacio” no encuentra una nueva dimensión entre el pop y la canción de autor, simplemente abre una espita. De acuerdo, no te va a cambiar la vida, pero quizás te ayude a verla de otra manera, por un tiempo, mientras esté en tu CD”. Yo, sin cobrar un euro de la discográfica, os lo ratifico palabra por palabra.

 

PD: Sí, hay una canción mala en el disco (mala a mi juicio, claro, porque para gustos los colores). En realidad no es que sea mala, es que me recuerda demasiado al Javiér Álvarez que a mí no me gustaba… Pero tranquilos es una versión de Emmylou Harris (“michelangelo”)

 

| www.javieralvarez.net | Web oficial de Javier Álvarez |

tiempodespacio es el nuevo disco de Javier Álvarez y ha sido editado por DRO East West. 

Está a la venta por un precio de seis euros. 

© www.sinetiquetas.com 2004