| Incertidumbres serranas |

por José Antonio Menor

  FE DE ERRATAS

Es complicado encontrar a alguien que, conociéndole, tenga una opinión indiferente con respecto a Ismael Serrano. O se le adora con fervor o se le desprecia con vehemencia. Supongo que es el sino de los grandes artistas (¿se ha notado mucho en qué grupo me encuadro?) y que, en parte, sus detractores aciertan al señalar sus carencias y excesos, así como sus admiradores atinan al ensalzar sus virtudes. En el fondo todos apuntan a lo mismo y la única diferencia radica en el cristal con el que se mira. Unos ven un compositor lánguido con connotaciones políticas un poco trasnochadas, otros ven a un autor comprometido y combativo que hace canciones que llegan a lo más hondo de su corazón. Bueno, como se trata de hacer un artículo que refleje el punto de vista de los detractores de Ismael, haré un esfuerzo y ejerceré de abogado del diablo…

 

En realidad tampoco cuesta tanto, porque todos los argumentos que surgen son clásicos en este debate (sólo hay que darse un paseo por el libro de visitas de su página web oficial). Por ejemplo, su implicación política ha servido de arma arrojadiza contra la carrera de Ismael Serrano en incontables ocasiones. Incluso por un sector crítico de sus fans que se pregunta cómo puede ser un cantautor rojeras y pedirnos la pasta que nos pide por sus conciertos. En fin, suponemos que el muchacho tiene que comer y pagar las letras de la hipoteca, pero a veces se pasa, la verdad. ¿Un ejemplo? El precio de las entradas para la grabación de los conciertos de Principio de incertidumbre. Vale, a lo mejor alquilar el teatro es muy caro, pero podía haber forzado a su compañía para que asumiese el total de la factura (como acaba de hacer en el caso del disco en directo que prepara Rosana, en el que los asistentes a la grabación no han tenido que pagar nada).

 

Que sí, muy antiglobalización y todo lo que quieras, pero la connivencia con Universal Music es total. Aún colea la polémica aquella de la reedición de su último disco en la que se incluía un DVD con un extracto de un concierto (unas poquitas de canciones y una entrevista). Vale, no es ninguna novedad, lo han hecho multitud de artistas (lo de revender el mismo disco añadiendo algo para que lo vuelvas a comprar), pero ninguno pone una carta en su página web tomando partida por su compañía desoyendo la críticas de sus seguidores, que compraron la primera versión. Para colmo la reedición no era tal porque simplemente se trataba de un DVD empaquetado sobre los CDs que estaban cogiendo polvo en un almacén. Vamos, que no tenía justificación.

 

Y todo esto sin haber explotado el estigma que arrastran todos los músicos que hacen bandera de su posicionamiento político, porque ¿cuánto hay de demagogia en gritar consignas revolucionarias con una audiencia de aplauso fácil como es la que acude un concierto? Y sí, el público es inteligente, pero la masa no, y siempre nos quedará la duda de si muchos de los entusiastas aplaudidores de revolucionarias consignas, enfundados todos en revolucionarias ropas de marca, saben quién fue realmente el comandante Che Guevara… Por otro lado, ¿sabrá Ismael Serrano que entre quienes le escuchan también hay votantes del Partido Popular? ¿o es que votar a Aznar implica, necesariamente, carencia de corazón? En fin…

 

En cuanto a la languidez o no de la música… El problema no está en si su música es lánguida o no. El problema estriba en que la gente escucha lo que quiere escuchar. Vamos que estoy de acuerdo en que un disco de Ismael no es un disco de Green Day, pero si hacemos honor a la totalidad de la producción de este chico veremos muy fácilmente que no todo el monte es “Papá cuéntame otra vez”. ¿Sugerencias del chef? Pues muchas: “Buenos Aires 2001”, “Tierna y dulce historia de amor”, “Canción de amor propio”, “La extraña pareja”, “Cien días”. Así para abrir boca.

 

Que coño, abandono la defensa de sus detractores. Ismael es, por encima de consideraciones personales, un músico. Eso es lo único que importa, que es un gran músico. Podrá gustar más o menos, pero el caso es que este juicio se está desarrollando en un terreno que no corresponde, porque la única jurisdicción válida es la música. Si admites un consejo, espera a que salga el nuevo disco de Ismael y escúchalo y hazte tu propia opinión. Probablemente te sorprenderá.

  

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