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Lee la entrevista exclusiva a Ismael Serrano para www.sinetiquetas.com |
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Ismael Serrano: La honestidad por principio
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Con la sana intención de hacer un repaso a su carrera, tras cuatro discos en el mercado, Ismael Serrano reunió a su banda habitual e invito a algunos amigos para encerrarse durante dos noches en el Teatro Lope de Vega (Madrid) y grabar las sesiones que servirán como base para la edición de un doble compacto que contendrá sus composiciones más conocidas (votadas por sus fans en su página web) y cinco temas nuevos y que verá la luz a principios de noviembre. |
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[Por José Antonio Menor] |
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Aparece en el escenario con una sonrisa a caballo entre el agradecimiento por la excepcional respuesta de sus fieles (venidos desde todos los puntos de España) y la felicidad del músico consciente de lo determinante de grabar un disco en directo. Suenan los primeros acordes de “Últimamente”, canción que abre el concierto, y el gesto poco a poco se relaja y nos deja ver que, si es cierto que el rostro es un espejo del alma, lo que debe de estar pasando por la cabeza de Ismael Serrano en esos momentos debe ser algo así como “por fin, ya empezamos, que sea lo que dios quiera”. Vestido elegantemente se pasea con una soltura impropia de sus directos en los que estamos más acostumbrados a ver a un Ismael más comedido, más estático. Parece claro que él es el primero en darse cuenta de la trascendencia del momento y por eso se esfuerza en mimar todos los detalles.
Sobre el escenario más músicos que nunca sometidos a la batuta invisible del responsable del sonido (desde su faceta de director musical) y guitarra solista de la banda, Freddy Marugán. La excepcional selección de intérpretes incluye un cuarteto de metales inconmensurable cuyo sonido dota de matices inéditos las composiciones elegidas para la ocasión (en principio elegidas por los internautas desde la página oficial del cantautor madrileño, aunque se nota la mano de Freddy e Ismael en la exclusión de algunos temas para dar paso a otros cuya aparición sólo puede ser argumentada desde la necesidad de que el repertorio refleje la variedad de ejercicios estilísticos que componen la discografía del vallecano, más allá de las filias y las fobias de su publico más fiel). |
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Entre tema y tema, Ismael ejerce de maestro de ceremonias y embelesa al público contando la historia de la bella Carola y su amigo mejicano, historia que sirve de nexo y que, al mismo tiempo, actúa como marca de separación entre las diferentes partes que componen este magnífico espectáculo. Nada se ha dejado al azar y la vertebración en bloques claramente diferenciados refleja esa preocupación por contemplar todos los matices previendo cualquier imprevisto. Y sin embargo aquellos que piensen que esta premeditación milimétrica resta fuste y frescura se equivocan. Ismael demuestra muchos reflejos y experiencia para salirse de los jardines en los que se mete víctima de los nervios y dialoga repetidas veces con el público saliéndose del guión marcado.
Precisamente el público representa la cara y la cruz del concierto. En general debemos decir que la cara, aunque hubo algunos puntos negros un tanto incomprensibles, incluso para sus fans más integristas. No se explica uno cómo (si no es por un afán de protagonismo un tanto desmedido) en mitad de la grabación de un concierto (nadie debería olvidar que no era “un concierto más”) se levante una moza para entregarle un mensaje a Ismael. Tampoco que le arrojen un libro al escenario. También cuesta entender cómo sistemáticamente el público “pide” canciones (en este caso, la cosa tiene más delito pues ya tuvieron la oportunidad de pedirlas en su momento en la página web de Ismael) sin entender que si en un concierto “normal” con banda es imposible que los músicos se arranquen a improvisar, en la grabación de un directo el repertorio es un camino sólo quebrantable en un último bis y del que sólo se sale para recorrer la senda conocida de temas ensayados y descartados por problemas de capacidad del soporte físico que contendrá la grabación. Será que yo también me hago mayor, pero lo cierto es que me pareció una falta de respeto hacia los que estaban allí trabajando y hacia los que estábamos allí disfrutando.
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