| La columna del sordo |

 

[por Marcial Ortiz]

 

Nuestro "sordo" es alguien que sólo escucha buena música... Pero ¿qué es buena música? Para él fundamentalmente la música clásica (y algunas honrosas excepciones), por eso hemos decidido proponerle un reto. Cada mes le facilitaremos un CD de música actual para que diseccione y nos haga sus comentarios. Afortunadamente tiene las orejas más "abiertas" incluso de lo que él cree.

 

– Marcial, ¿te atreves con otra columna?

– Pues no sé, jefe. Es que últimamente mi imaginación… Además, los discos que me estás dando los conoce todo el mundo y como no tengo ni idea de quiénes son, luego se meten conmigo por analfabeto musical.

– No te preocupes, hombre, que este te va a gustar. Mira, el título del CD es “Lagrimas negras”, una canción cubana de los años treinta.

– Ah, bueno, si es de los años treinta, no será de Celia Cruz ni de Compay Segundo, así que no la conocerá mucha gente.

– Además, el instrumento principal es un piano. Lo toca un tío de Estocolmo de ochenta y cinco años.

– Joder, ¿pero qué rollo me vas a meter esta vez? ¿Un sueco tocando el piano? Por lo menos no será conocido.

– En el disco le acompaña un cantaor.

–¡Buah! Así será. Si ha tenido que cantar con un sueco, será de esos que se patean medio mundo cantando para japoneses, estadounidenses y australianos amantes de la cultura española. ¿Y quién produce esa mierda, Top Manta Reproductions?

– No, qué va. Fernando Trueba.

–¿El Belle Epoque?

– Hombre eso no dice mucho de tu cultura cinematográfica, pero sí.

–¿Fernando Trueba produciendo un CD? ¿Un sueco, un cantaor, un cineasta? ¿Y en el libreto quién escribe, un académico?

–¡¿Cómo lo has adivinado?! Ángel González. Ya sabes, el poeta, el ovetense, nuestra letra pe mayúscula.

– Joder, joder, joder… Creo que estoy metiendo la pata. ¿Quién es el cantaor?

– Diego Jiménez Salazar.

– ¿…?

– Sí, hombre, el Cigala.

– Ay, ay, ay… ¿Y el sueco?

– Bebo Valdés.

– ¿El creador del jazz latino y de la batanga? ¿El descubridor de Beny Moré? ¿El director musical del Tropicana cubano? Joder, tío, empieza por ahí, que luego quedo como un gañán. Empiezo diciendo que vaya mierda, un sueco tocando el piano, un flamenquero cantando no-sé-qué, todo eso que suelo meter en mis columnas. Y así me va, claro. Venga, mándamelo, que ya se me ocurrirá algo.

 

UNOS DÍAS DESPUÉS...

Oye, jefe, que no me funciona el ordenador, ¿te puedo dictar la columna por teléfono?

Sí, hombre, vas tú listo. Llama a uno de los editores, que para eso están.

¿Y cuál está libre ahora?

Prueba con César, que se joda y se pique todo el texto.

– Vale, tú mismo.

 

TRANSCRIPCIÓN DE LA COLUMNA DEL SORDO

¡Qué maravilla de disco! Es increíble. Os cuento: últimamente me ha dado por jugar al Hyperspeed, un juego de matar marcianitos. La media de mis actuaciones era de unos sesenta o setenta mil puntos, llegando al nivel trece o catorce. Cuando llegaba a cien mil puntos y a la pantalla diecinueve o veinte, me sentía satisfecho conmigo mismo. Aunque teniendo en cuenta que mi compañero se acaba el juego y llega a los ochocientos mil puntos, entenderéis que soy bastante patético jugando en el ordenador. Entre otras cosas.

 

Pues bien, se me ha ocurrido jugar mientras oía el disco de Bebo Valdés y de Diego el Cigala y mi vida ha dado un giro de, por lo menos, setenta y cinco grados. Mientras escuchaba las canciones he batido cinco veces seguidas mi propio record, llegando hasta los ciento cincuenta mil puntos y pasando al nivel veintinueve. Y todo esto sin ponerme histérico, como solía hacer antes de que este CD cayera en mis manos.

 

¿Que qué tal está el disco? Ni idea, ni me interesa. Espero que entendáis que no puedo estar atento al disco, a matar todo lo que pase por delante de mi nave, a evitar que no me maten y a que mi jefe crea que estoy trabajando. Soy bueno, pero no tanto.

 

La mejor canción del disco es La bien pagá. Con ella he conseguido las mejores prestaciones ante mi teclado. No sé por qué, pero cuando la oigo estoy más tranquilo que nunca. Mi nave espacial fluye por los confines del Universo como con un escudo salvador. Ya os digo, si tengo que recomendar alguna, es esta. Además, después de haber oído infinidad de veces esta canción en versión copla, da gusto escuchar la versión de Bebo and Cigala (juro que esta gilipollez la he leído en un diario de tirada nacional, seguramente escrito por uno de esos críticos que hacen esas críticas ortodoxas que os gustan tanto). Por favor, no dejéis de fijaros en los coros cubanos, que espero que también estén bien pagaos.

 

Las demás canciones, ni fu ni fa. Es que tampoco me atraen demasiado. Quizá destacaría el primer tango y la canción de Vinicius y Jobim, donde Caetano Veloso hace un cameo. Pero, como siempre, estas solo me atraen porque me recuerdan unas noches maravillosas en compañía de unos cuantos amigos.

 

Lo más curioso del disco ha sido oír cómo el piano de Valdés se adapta a cualquier estilo de música. En cuanto a la voz de Diego, lo siento, pero ya conocéis mis prejuicios. Es que no me dice nada. Ya sé que esto suena muy herético, pero han sido demasiados años de oler fritanga por el patio interior de mi casa, y eso se paga. Psicológicamente, digo.

Lo peor del disco, que voy a tener que escucharlo cada vez que quiera batir mi record en el Hyperspeed. Aunque tal vez si pruebo con el Carmina Burana, pueda deshacerme de él. No, seamos serios: lo peor es el precio de veinte euros por nueve míseras, misérrimas y miserrísimas canciones. Con tan pocas canciones no sé si me va a dar tiempo a llegar al nivel treinta y cinco.

 

© www.sinetiquetas.com 2003