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Si algún adjetivo les cuadraba a estos Elefantes era la elegancia a la hora de interpretar canciones, en cierta manera devotas del mejor pop-rock anglosajón, con buenas letras, perdón, muy buenas letras, a la par que originales, y temas sublimes como "Más que tú a yo", "Y sin respirar", "No quieres más", "Te querré y tú me perdonarás".
Hace poco pude saber que el disco que compré ese día a lo mejor era una de las !!172 copias!! que vendieron de ese disco en su primer año en el mercado.
La segunda lectura de "El hombre pez" fue que era un disco de quiero y no puedo. Me dio la impresión de que en las cabezas de los Elefantes bullían más cosas de las que estaban allí reflejadas, pero que una vez más, como en el caso de gran cantidad de grupos, la escasez de medios había puesto freno al talento natural del grupo.
Otra vez fue Bunbury (lo siento por mencionarle tanto en un artículo que no es suyo, pero es que los paralelismos son inevitables) el que me puso sobre la pista del grupo: en una entrevista concedida a una revista decía que entre sus proyectos, los de aquella época, claro, estaba la producción del segundo disco de Elefantes. La supuesta admiración del cantante aragonés por el grupo se había convertido en relación profesional en el sentido más estricto de la palabra.
Este segundo disco al que él hacía referencia no era otro que "Azul". Fue curioso como, antes de poderlo escuchar, pude leer en un periódico una carta de un seguidor de la banda comentando que había sido un error instrumentar tanto los temas, que se había perdido un poco la esencia del grupo. Yo, que había encontrado como una de las mayores virtudes de la banda la instrumentalización de "El hombre pez", temía sentirme también defraudado. A veces contar con los mejores no garantiza el resultado más adecuado, pero había que escucharlo y juzgar. Si el destino había decidido llevarme a las puertas de "Azul", no me iba a quedar ahí, y es que si tengo tanta fe en los Elefantes es porque parece que mi relación con ellos, como se puede constatar a través de lo visto hasta ahora, se basa en una serie de encuentros casuales, de pistas a modo de fogonazos que se me han ido planteando en distintos momentos sin que yo me haya esforzado en buscarlas. |
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