|
 |
“Arriba parias de la tierra /
en pie famélica legión / los proletarios gritan guerra / guerra
hasta el fin de la opresión / ...” Bueno, más o menos. ¿Y por
qué empezar así? Porque ya que nos ponemos progres,
revolucionarios, libertarios, okupas, anarcos y todo eso, más
nos vale acudir a las fuentes. Que para eso están. El problema
es que el 95% de los que les gustan este tipo de grupos –Hechos
Contra el Decoro, Orujo de Brujas, Fermín Muguruza...– diría que
soy un maldito revisionista, un rojo “rosado”, un traidor de
clase, un gilipollas, vamos. Y lo mismo tienen razón. Y lo mismo
me importa una mierda lo que piensen. De la misma forma que no
me importa pasarles un papel si lo necesitan, digo.
Mientras
escribo esto, estoy escuchando por segunda vez el disco
Otra vuelta de tuerca de Habeas Corpus. Y como ya
sabéis, eso es algo extraño en mí. Me refiero a escuchar más de
una vez lo que me pasan los jefes. Y me gusta. Mucho. No el
escucharlo dos veces, sino el disco. Entero. ¿Lo recomendaría?
No tendría ni puta idea de cómo. Tengo claro que este es un
disco que debería oír todo el mundo. Hasta mis abuelos. Pero de
qué iba a servir si luego no lo interiorizan, ni se lo creen, ni
lo entienden.
Bueno,
bueno. Cuando he oído por primera vez el disco he hecho un
borrador mental de la columna. Me había propuesto no hablar de
nada de lo que he escrito hasta ahora. Así de débil es la
naturaleza humana. Demasiados años en la lucha, como dicen los
viejos del Partido, y demasiados golpes en la cara, como dicen
los comentaristas de boxeo de Eurosport. Así que volveré a mi
discurso cultureta y burgués para terminar la columna.
Ya sé que
no os lo vais a creer, pero una buena amiga –hija de las barras
y estrellas; sobrina, muy a su pesar, de la Justicia Infinita y
de la Libertad Duradera; madre, para su orgullo, de dos
preciosas little girls– me regaló ayer The turn of the
screw de Henry James, así, en el idioma del Imperio. Aquí lo
tradujeron por Otra vuelta de tuerca (veis como todo
tiene que ver, gente de poca fe) y es la mejor historia de
fantasmas que se ha escrito nunca. O la mejor que yo he leído
nunca. Y la mejor que podéis leer. Que no todo es escuchar
música, joder.
Dado que
no encuentro ningún valor propagandístico (el Partido otra vez)
en escribir de música, en mi comentario sobre Dwomo aproveché a
hablaros sobre cine, literatura y Ribera de Duero. En el de
Hombres G solo podía hablar de mis amigos. En cuanto a este,
cuando uno de los editores de la revista puso en mis manos la
caja, pensé en mi padre. (Joder, diréis. Este tío solo sabe
hablar de tonterías. Pues sí, y si no os gusta, que os jodan:
escribid vosotros, que os lo estamos repitiendo desde el número
0. Que se puede escribir mientras se escucha música).
Me acordé
de mi padre porque se pasó casi cuarenta años como delineante
industrial. Aguantando a los que tienen todo el poder, a
quienes tienen todo en sus manos y solo le quedaba
agachar la cabeza por lo que pueda pasar (quinto corte).
Porque nació en el lado equivocado. En el peor lado. El lado
en el que nacen los que nacen de lado. El lado en el que nacen
los que nunca llegarán a ningún lado (tercer corte) y tuvo
que aguantar toda su vida al hijo de puta de su jefe. Por suerte
el jefe se murió. Por lo que sé, el dolor no disminuyó hasta que
el doctor certificó su muerte y algún cura rezó por su alma.
Espero que se esté pudriendo en el infierno. Más suerte tuvo mi
padre. Bueno, hasta el otro día que se cayó y se partió la
muñeca, pero esa es otra historia que no viene a cuento.
A cuento venía lo de mi
padre, porque si echáis un vistazo a la caja y al libreto (algo
que nunca encontraréis en el top manta) veréis esas maravillas
de la naturaleza humana que son los dibujos con regla, compás,
cotas, flechitas y tipografía rara (no sé si se harán con
plantilla, pero os puedo jurar que mi padre escribe exactamente
igual) que tantos quebraderos de cabeza nos han hecho pasar a
los que estudiamos Dibujo Técnico en el Bachillerato. A mí se me
daba bastante bien, por cierto. ¿Genes?
¿Qué puedo deciros del disco
que no haya dicho ya? Que es rallante. Es que esta música a
mí... Pues eso, que solo aguanto a los grupos que gritan contra
los hijos de puta que nos llevan a una guerra que ninguno
queremos, que nos dicen que qué cojonudo es tener seis trabajos
en un año (con un poco de suerte con seis contratos), que para
qué cojones queremos beber en la calle cuando podemos pagar un
cubata a siete euros o no beber nada y estar pensando todo el
día que vaya puta vida me ha tocado vivir, que se quejan, joder,
que se atreven a decir lo que todos queremos decir y ninguno nos
atrevemos, y que gracias a eso venden un puta mierda, nadie les
conoce y que solo salen en los periódicos cuando algún avezado
gilipollas lee en alguna de sus letras la palabra “independentzia”,
si es que se dice así, claro.
Renglón aparte (tras su punto
correspondiente, como mandan los académicos) merece M.A.R.S., el
cantante del grupo, por lo bien que vocaliza. Gracias. Desde
ahora tienes un fan, estés donde estés. Este hombre me demuestra
que para cantar con rabia y orgullo no hace falta ser totalmente
inaudible y desagradable. Como todos los demás.
Quiero acabar ya, porque
cuanto más dure esto, más tiempo pasaré escuchando a Habeas
Corpus (ya llevo tres pasadas al disco, una detrás de otra, sin
descanso) y ya estoy empezando a cabrearme. Con ellos, por
supuesto. Por tirarme a la cara lo que no quiero ver. Por
gritarme lo que no quiero oír. Por escupirme que soy un estúpido
burgués cuando voy de progre guay. Porque en el séptimo corte,
En el mejor de los mundos, han explicado mejor que nadie
de qué va esta historia, y no han tenido que meter toda esa
mierda marxista que me gusta tanto. Porque la primera revista
que compré en mi vida era de la NBA, porque la ciudad más
impresionante del mundo es San Francisco, porque desde allí me
atrapa Steven Spielberg y que por qué cojones se tienen que
meter con las barras y estrellas cuando no dejan de ser armas de
las películas de Bruce Lee y de Jacky Chan (ya sabéis,
golpear-lanzar, golpear-lanzar). Menos mal que en cuanto acabe
de torturarme pondré el Requiem de Wolfgang Amadeus
Mozart y seguiré disfrutando de la buena música.
P.D.: Pido humildemente
perdón por mi vocabulario de este mes, pero nadie en su sano
juicio puede oír esta maravilla de disco sin que se le escapen
unas pequeñas muestras de lenguaje barriobajero, ofensivo y
políticamente incorrecto.
|