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Informe Mediatic #2003/02-01 Estamos de acuerdo en que la segunda edición del Mediatic Festival ha sido un rotundo éxito. Más de 20.000 personas se congregaron para ver a la flor y nata del pop y del rock español y todo fue como la seda... ¿Todo? Descubre con www.sinetiquetas.com las claves del festival celebrado en la ciudad de Alcoi.
| Lo mejor, lo bueno y lo menos bueno |
La respuesta del público. Más de veinte mil personas demostraron que existe una demanda de música en nuestro idioma. Veinte mil personas y ni un solo incidente, veinte mil personas con ganas de disfrutar de unas jornadas de fiesta y entregados a la alegría que entraba por las orejas y que agitaba los cuerpos en bailes y cantos. Lo dicho, impresionante.
La calidad de los llamados. Será que nos gusta especialmente la música en castellano. Será que nos encanta la música pop y rock facturada en nuestro país. Será por lo que sea pero el caso es que la calidad de los grupos y solistas que desfilaron ese fin de semana por Alcoi es difícilmente superable. Además el equilibrio y la sensibilidad a la hora de elaborar el cartel es digno de alabanza. La única pega es que los días tienen veinticuatro horas (algo que se escapa a la organización) y eso hizo que gente de la talla de Sexy Sadie o Los Piratas tocase a unas horas un tanto intempestivas. La experiencia nos enseña que este tipo de “injusticias” se termina compensando, porque el año pasado era La Cabra Mecánica los que actuaban a esas horas intempestivas y en esta segunda edición ocupaban puestos de cabeza de cartel, así que un aplauso para la organización.
La cercanía de los artistas. Normalmente los festivales son los lugares menos apropiados para que el público se acerque a sus artistas, pero pudimos comprobar varias veces que en este caso nada más lejos de la realidad. En primer lugar la carpa habilitada por Sol Música permitía al público general tener a los músicos en una distancia francamente corta. Pero es que además los artistas se contagiaban del sentimiento de buen rollo que invadía el festival y firmaban todo lo que se ponía a tiro y, dentro de sus posibilidades, charlaban con todos los que se acercaban.
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La organización de los tres escenarios. El hecho de tener tres escenarios permite que no haya tiempos muertos ni que haya que desplazarse demasiado para cambiar de concierto, que es lo que suele matar al público de los festivales. También esta organización permitía que aquellos interesados en las verdaderas cabeza de cartel no se perdiesen a nadie. La exquisita puntualidad se cobró una víctima (Rosendo fue interrumpido cuando sobrepasaba levemente su horario mientras interpretaba su última canción, pero el entuerto fue solucionado con las disculpas de la organización que el de Carabanchel aceptó caballerosamente).
La inclusión de la Carpa de Cantautores. Impresionantes especialmente los conciertos del sábado (en los que ya se habían solucionado, más o menos, los problemas de sonido que asolaron a gente tan imprescindible como Daniel Higiénico). Espectacular volver a ver a Quique González con una banda acústica, a Carlos Chaouen desplegando su buen hacer con una banda impresionante y a Ismael Serrano acompañado por su inseparable Freddy Marugán a las guitarras. El éxito de Ismael (uno de los triunfadores del festival) sirvió para demostrar que hay músicas que a priori pueden considerarse minoritarias pero que piden a gritos su salto a escenarios mayores. Desde luego se impone un cambio de ubicación de esa carpa para evitar la invasión del sonido de los escenarios grandes que sufrieron artistas como Daniel Higiénico, Javier Álvarez o Armando y el Expreso de Bohemia.
El trato de la organización a los artistas. Secundamos la queja de Juan Aguirre en la rueda de prensa de Amaral en la que decía que en la mayoría de los festivales los grupos nacionales parece que tienen que disculparse. Y es que es cierto que muchas veces el status de estrellas se da a grupos extranjeros que han tenido un éxito limitado en sus países de origen y que grupos consagrados son francamente maltratados con horarios inhumanos. También es cierto que algunos músicos tuvieron algún problemilla para poder hacer llegar sus instrumentos al escenario, pero sus problemas fueron solventados tan pronto como la organización tuvo conocimiento de dichos problemas.
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Los conciertos del domingo. En el debe del festival debemos reseñar que tal vez deberían plantearse que el domingo no es una buena idea programar conciertos (se notó el éxodo de la mayoría de los asistentes de fuera de la provincia de Alicante). El bajón de público se notó especialmente en las carpas paralelas en las que se pudo ver “en familia” a gente como Cañaman o David de María.
La zona de acampada. Los que durmieron en el recinto se quejaron de la ubicación de la zona de acampada, en una explanada en la que el sol caía a plomo y que convirtió en un deporte de riesgo (de riesgo de insolación) el simple hecho de montar una tienda de campaña. Suponemos que no se podía hacer otra cosa, pero recordamos haber visto en otros festivales zonas de toldos en las que buscar el refresco de una buena sombra.
El trato que recibimos los medios el sábado. El viernes pudimos campar a nuestras anchas y el exceso de algunos lo pagamos todos. El sábado se endureció la seguridad a niveles fuera de tono. Nosotros fuimos expulsados con cajas destempladas y comentarios rayanos en la falta de educación por parte de los encargados de la seguridad (y lo justo es lo justo, así que hagamos una salvedad porque el personal de la seguridad no hay que confundirlo con la organización que en todo momento tuvo un exquisito trato con nosotros). El absurdo fue tal que incluso le negaban el acceso al backstage al personal técnico de los artistas.
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