| Hip Hop en España |

  

Como ha ocurrido en la mayoría de las vanguardias musicales, España ha sido uno de los últimos países de nuestro entorno en dar cierto status a la música rap. Tras una primera “época dorada” (a finales de los años ochenta) en la que se editaron cuatro vinilos (Hip Hop Madrid, Rap’in Madrid, Hip Hop de aquí y Navidades Hip Hop) la escena hip hop nacional pareció desaparecer. Al calor del movimiento de breakdancers (que incluso tenían un concurso propio de grupos de breakdance en el único programa musical que emitía TVE) fue surgiendo la inquietud (más en las discográficas que en los grupos) de editar material en castellano (ante la imposibilidad de encontrar material americano a precios razonables, pues no se editaba nada aquí y todo el material era de importación). Así, de prisa y corriendo, se ficha a multitud de grupos demasiado poco trabajados como para editar material (de hecho el repertorio de muchos de esos grupos se limitaba a dos o tres canciones) con la idea de rentabilizar un género en el que los ejecutivos de las discográficas no creían (como prueba que prácticamente ningún grupo de los seleccionados en aquellos recopilatorios editase ni siquiera un maxi). En fin, que con decir que hubo hasta un recopilatorio navideño queda clara cual era la intención de hacer dinero fácil. 

 

El panorama no puede ser más desolador pues el gran público recoge esa cara del hip hop y esta imagen es la que perdura durante largos años en la mente de la gente, una imagen cargada de prejuicios y que aporta llena de razones a los detractores del hip hop en castellano. En definitiva, se pasa de ser el centro del foco mediático (tendríamos que esperar una década para poder volver a ver a un rapero nacional en la tele o para escuchar un tema de rap en castellano en las radiofórmulas comerciales) a desaparecer. El movimiento no desaparece pero sí que es desalojado de los medios de comunicación lo que hace que se vuelva a un estado de prehistoria completamente absoluto. No hay sellos dispuestos a arriesgar y editar un disco de hip hop y los artistas del panorama nacional tienen que moverse a través de maquetas que envían a los pocos garitos que programan conciertos de hip hop. De ese movimiento maquetero empiezan a surgir nombres que en poco tiempo se convertirán en los dominadores de la escena nacional: el Club de los Poetas Violentos (CPV), 7 Notas 7 Colores (7N/7C), los Verdaderos Kreyentes del Hip Hop (VKR), Violadores del Verso 
(Doble V)…

 

La aparición de esta generación sobrada de talento anima a crear los primeros sellos dedicados en exclusiva al hip hop (Yo gano, Super Ego, Zona Bruta…). Se vive una segundad edad dorada, pero esta vez, como las cosas se han hecho como se debían de hacer, la sensación es de que se ha llegado de nuevo hasta arriba pero con la intención de quedarse. Ya hay un entramado industrial sobre el que apoyarse (sellos, locales, revistas especializadas, programas de radio dedicados en exclusiva al fenómeno del hip hop…) y la cosa va marchando como debe. El nivel de la lírica se ha disparado y el de los DJs está a la altura de los mejores de Europa. La madurez de los pioneros (Doble V, VKR, La Puta Opepé), la desintegración de CPV y 7N7C, y el inicio de una carrera en solitario de todos sus miembros (Frank T, Mucho Muchacho, El Meswy…) y la consolidación de gente como El Chojín (a mi gusto uno de los mejores raperos de este país), La Mala Rodríguez (cabeza visible del rap femenino junto a Shugga y Ariana Puello) y talentos desbordantes como La Excepción (una revelación su Cata Cheli), nos permiten afirmar que probablemente el hip hop patrio goza de una excelente salud y que su futuro (no hay más que oír a los grupos que vienen pegando fuerte, gente con una trayectoria sólida y coherente como SFDK, que conquistaron al público del último Festimad) no puede pintar mejor. La fulgurante salida del disco de Nach (10.000 copias vendidas en una semana) que le convirtió en el primer artista de hip hop español en acceder al top 40 de la lista de AFYVE (alcanzó el número 35) demuestra que ya hay una demanda real y que la gente se ha dejado convencer por los buenos productos que ya se editan en España (más allá de los Eminem, 50 Cent y Jay Rule  de turno).

 

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