| Los orígenes del movimiento |

Es difícil establecer cuál es el origen del hip hop como forma musical aunque la mayoría de los estudiosos del fenómeno coincide en señalar al Nueva York de finales de los setenta como la cuna de esta identidad cultural. La leyenda habla de un disc jockey jamaicano (Kool Herc) que al estilo de los vocalistas de dub de su Kingston natal, recitaba su nombre y el nombre del local como introducción a los discos que iba pinchando. El reggae no era una música muy de moda en el NY de la edad de oro de la música disco (Studio 54 reinaba en la noche neoyorkina y el repertorio que pinchaban los DJs de la mítica discoteca era rápidamente copiado por todos los clubs, incluso los más marginales). Así Kool Herc tuvo que olvidarse de pinchar música jamaicana y adaptar su repertorio a los gustos de su clientela (eso sí sin renunciar a su peculiar forma de introducir los temas). 

 

Poco a poco la gente empezó a saber de memoria las introducciones y, ante la demanda de los dueños de los clubs donde pinchaba, Kool Herc empezó a alargar sus presentaciones con slogans que incluían alguna rima. Los intermedios entre canción y canción eran demasiado breves pero Kool Herc se las ingenió para alargar aquellas introducciones. Al disponer de dos platos en la cabina lo que hacía era tener dos copias del disco que iba a pinchar, lo que le permitía jugar con los tempos, ralentizando uno de los discos mientras sonaba el otro. La cosa se fue complicando (el público cada vez demandaba que aquellas rimas que servían como paso entre canción y canción fuesen más largas) y Kool Herc se vio obligado a ceder el micrófono a dos amigos (Coke La Rock y Clark Kent) mientras él se ocupaba en preparar bases cada vez más complejas. Sin saberlo habían sentado las bases de un género que conquistaría el mundo apenas un par de décadas después.

 

Pronto los jóvenes del underground neoyorquino quedaron prendados por un estilo que les permitía expresarse libremente y que no requería de una gran inversión económica para poder hacer música, lo único necesario era tener unas aptitudes para contar las historias que sucedían a diario en el barrio. Y es que la calle era la fuente de inspiración, pero también el lugar en el que tenían lugar las fiestas que celebraban. A falta de locales, los DJs y los MCs firmaban con sprays de pintura los sitios que utilizaban como base para sus fiestas. Estas firmas fueron complicándose cada vez más y lo que en un principio eran meros trazos fueron convirtiéndose en murales de una complejidad y una elaboración cada vez mayor. La cultura del graffiti había nacido.

 

La inclusión de la “cuarta pata del banco” (el break dance) es un poco más difusa pues nadie se atreve a datar la primera sesión hip hopera que incluyó aquella peculiar forma de baile. Lo que sí coinciden todos los expertos que hemos leído es en señalar a la “capoeira” (baile brasileño en el que se forma un corro y en el que dos bailarines simulan estar luchando) como origen de esta forma de baile. 

 

Pero más que de un movimiento cultural, los propios hip hoperos prefieren hablar de una manera de vivir. Una manera de vivir que más allá de la expresión puramente artística (música, baile, expresión plástica) comparte una forma de vestir, una forma de expresión, una manera de entender la vida. En cualquier caso el hip hop es la denominación que engloba todo este movimiento. Y ¿cuáles son las señas de identidad de todo el movimiento? Podríamos centrarla en tres: ámbito callejero, carácter marginal y sentido de competición.

 

En primer lugar, como ya hemos visto desde sus orígenes la calle ha jugado un papel fundamental. La calle es la fuente de inspiración pero también el lugar de transmisión, el canal y el medio. El hip hop, a nivel musical, es cultura oral que entronca con aquellos trovadores que de pueblo en pueblo iban narrando las historias. Hoy, el corpus narrativo se transmite de calle en calle y la escena underground (raperos que no han grabado y que utilizan el hip hop como vehículo de transmisión, muchas veces sin intención de grabar sus rimas) es muy importante. El carácter marginal es otro de los elementos fundamentales. En nuestro país más que hablar de carácter marginal en las claves socioeconómicas que hablaríamos en EEUU (por las brutales diferencias entre las clases que componen la sociedad americana) aquí deberíamos hablar de música marginal en el sentido periférico, pues la mayoría de los grupos han surgido de los barrios de las ciudades cinturón de las grandes ciudades. Por último tenemos una aparente paradoja: sentido de competición y sentido de hermandad. Por un lado existe un fuerte sentimiento de rivalidad en todos los estamentos del hip hop (grafiteros, DJs, MCs y breakdancers). El “pique” es constante y todos tratan de demostrar que son mejores que el resto. Este ha sido el gran aliciente y el motor para que el hip hop fuese creciendo sin que nadie pueda tener una actitud acomodaticia y estática. A cada momento hay que demostrar que se es el mejor y cuando esa competitividad se canaliza de forma adecuada (no en repeticiones estériles y aburridas de mensajes insistiendo en “yo soy el mejor”) hace que surja lo mejor del hip hop. Pero al mismo tiempo hay un sentimiento de hermandad (común por otra parte a otras tribus y a otros estilos), un cierto sentido de unidad que facilita la colaboración en discos de unos y otros. Digamos que es el sentido de unidad del pequeño para hacer fuerza contra posibles agentes externos, que tendremos que ver como evoluciona cuando el hip hop sea un movimiento aún más masivo de lo que ya es.

 

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