| La columna del sordo |

 

[por Marcial Ortiz]

 

Nuestro "sordo" es alguien que sólo escucha buena música... Pero ¿qué es buena música? Para él fundamentalmente la música clásica (y algunas honrosas excepciones), por eso hemos decidido proponerle un reto. Cada mes le facilitaremos un CD de música actual para que diseccione y nos haga sus comentarios. Afortunadamente tiene las orejas más "abiertas" incluso de lo que él cree.

 

Lo mejor de este disco es el precio: ¡12 euros por diecinueve canciones! Este es el precio del CD, claro. Y lo digo, porque desde que me compré el coche he vuelto a interesarme por las casetes (¿os acordáis de ellas?). Sí, lo sé. Ahora los coches llevan lector de CD, pero además de tacaño soy un pusilánime y no negocié bien en el concesionario. Bueno, en realidad no negocié, no sé hacerlo. Si no, de qué iba a seguir aguantando los discos que me pasan los jefes de esta revista sin subir mi tarifa. Además, ahora que lo pienso, ni siquiera sé si La Excepción ha sacado este disco en casete. Ni me importa, me atrevería a decir.

 

Este disco me trae buenos recuerdos. Me hace acordarme de mi primera colaboración en sinetiquetas. Al igual que los Dwomo utilizaban una gran cantidad de idiomas, La Excepción también lo hace. O por lo menos eso me parece, porque no entiendo ni la mitad de cada una de las canciones. Entre la jerga barrial, la jerga gremial y la jerga étnica; el italiano del frescuni y los pantaloni, y el bable de alguna de las canciones... Que no me entero, vamos.

 

Los jefes me ponen en antecedentes y me dicen que estos tipos hacen hip-hop. Pues vale, me lo creeré. Muchas de las canciones sí que me suenan a hip-hop, pero de otras no me atrevería yo a asegurarlo. Más bien se parecen a los últimos tiempos de Lola Flores, en los que en vez de cantar recitaba. Con música melódica, claro. Por cierto, acabo de leer en nuestro foro que alguien pregunta por la diferencia entre góticos y siniestros. ¿Podríais contarme cómo puedo distinguir el rap del hip-hop? Os estaría eternamente agradecido. Ya sé que queda bastante patético que quien escribe en una revista musical haga esa pregunta, pero como no soy licenciado en Periodismo no he aprendido a ocultar mis carencias intelectuales. Que son muchas, por otra parte.

 

Pues eso, al disco. Me dicen, y me lo creo, que se llama Cata Chelí y que es autobiográfico. Qué bien, como yo. Catar, cato cuando haya que catar. Sobre todo si es tinto y viene de Valladolid o de Toro. Si en chelí hacemos una transposición de letras, me sale Chile. Y subiendo hacia el norte, cruzando Perú, se llega a Ecuador, que me ha dado una mujer, una segunda familia, unos sitios increíbles y algunas fotos curiosas. En cuanto a lo de autobiográfico, cualquiera que haya seguido esta columna a través de los tiempos sabrá que me gusta más hablar de mí que de cualquier otra cosa. Aunque teniendo en cuenta que esa otra cosa es la música, no me extraña nada. Por último, y antes de que os hartéis de mi vida, tened en cuenta que yo os lo cuento gratis. Gratis total, como diría un antiguo ministro socialista; o cero patatero, como dijo el políglota y deportista presidente de la FAES. A lo que voy, que por qué pagar doce euros cuando puedo encender la tele y ver a una maruja contando su vida. Un momento, ayer mismo estaba viendo uno de esos programas y una tipa contaba cómo estuvo un tiempo conviviendo con su marido y con su amante. Eso sí, ella alegaba que, aunque casada, no hacía vida marital. Por lo visto el marido era un jeta (¿con ge o con jota?) que tenía más novias que Joselito, el de la canción de Kiko Veneno. Y, claro, qué iba a hacer ella. Así, ocurrió que mientras ella vivía con otro tipo su marido tuvo que volver a la casa. Pero en plan amigo, ¿eh? O por lo menos eso es lo que la buena señora contó. ¿Os dais cuenta? Y todo esto gratis. Gratis supe yo de la situación de esa familia y gratis os lo traslado. Ahora bien, si lo queréis ir contando por ahí, acordaos de que el copyright de esta columna pertenece a sinetiquetas y que como oiga esta historia por ahí me voy a chivar a la SGAE para que siga haciendo el ridículo un poco más.

 

Joder, a ver si empiezo a hablar un poco del disco. Ya sé que lo que hago es un timo, pero pensad que si yo fuera un crítico de música profesional, seguramente no habría oído el disco, os estaría contando lo cojonudo que es, qué gran idea el unir el hip-hop con las bulerías y las rumbitas, ojo a este grupo que va a dar mucho que hablar, porque tú y yo lo sabíamos, y que además os habríais gastado los euros en un periódico o en una revista. Yo por lo menos os cuento unas cuantas cosas.

 

Quien haya llegado hasta aquí pensará que el disco no me ha gustado. Eso no es cierto. Ni me ha disgustado ni me ha gustado. Simplemente me ha dejado frío. Me pasa lo mismo con los Mojinos y todos esos grupos graciosetes con los que te ríes un huevo. Ji, ji, ja, ja, pero a la hora de la verdad, cuando la novia te deja, cuando tu marido se folla a su compañera de trabajo, cuando el cabrón de Matemáticas te ha vuelto a suspender; o mejor aún, cuando un buen amigo defiende con éxito su tesis doctoral, cuando tu hermano te cuenta que le han hecho un contrato por más de seis meses, cuando haces una cena con esos amigos que hace unas semanas que no ves, ¿quién cojones oye a estos grupos? Apostaría que nadie. Estos grupos son como las tonterías que nos mandamos unos a otros por e-mail. Qué bueno, tío, mira qué gracioso. Vale, ya lo he visto. Delete File. Intro. Vaciar papelera de reciclaje.

 

Lo siento por La Excepción. Yo no tengo la culpa. Estoy seguro de que venderán bien su disco y de que con un poco de suerte harán un montón de bolos veraniegos, ganarán algo de dinero y seguirán sacando discos. Seguramente volveré a oírlos, ¿por qué no? ¿No oí a la tipa esa de la tele contando su patética vida mientras sonreía como una gilipollas? Y eso que no os he contado lo del rapero Alfonsito al que ví en otra cadena (¿o era la misma?) cantando en directo, después de no saber nada de él desde hace más de diez años cuando dejé de ir al Camping Valdemorillo.

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