|
 |
Lo
mejor de este disco es el precio: ¡12 euros por diecinueve
canciones! Este es el precio del CD, claro. Y lo digo, porque
desde que me compré el coche he vuelto a interesarme por las
casetes (¿os acordáis de ellas?). Sí, lo sé. Ahora los
coches llevan lector de CD, pero además de tacaño soy un pusilánime
y no negocié bien en el concesionario. Bueno, en realidad no
negocié, no sé hacerlo. Si no, de qué iba a seguir aguantando
los discos que me pasan los jefes de esta revista sin subir mi
tarifa. Además, ahora que lo pienso, ni siquiera sé si La
Excepción ha sacado este disco en casete. Ni me importa, me
atrevería a decir.
Este
disco me trae buenos recuerdos. Me hace acordarme de mi primera
colaboración en sinetiquetas. Al igual que los
Dwomo utilizaban una gran cantidad de idiomas, La Excepción
también lo hace. O por lo menos eso me parece, porque no
entiendo ni la mitad de cada una de las canciones. Entre la
jerga barrial, la jerga gremial y la jerga étnica; el italiano
del frescuni y los pantaloni,
y el bable de alguna de las canciones... Que no me entero,
vamos.
Los
jefes me ponen en antecedentes y me dicen que estos tipos hacen
hip-hop. Pues vale, me lo creeré. Muchas de las canciones sí
que me suenan a hip-hop, pero de otras no me atrevería yo a
asegurarlo. Más bien se parecen a los últimos tiempos de Lola
Flores, en los que en vez de cantar recitaba. Con música melódica,
claro. Por cierto, acabo de leer en nuestro foro que alguien
pregunta por la diferencia entre góticos y siniestros. ¿Podríais
contarme cómo puedo distinguir el rap del hip-hop? Os estaría
eternamente agradecido. Ya sé que queda bastante patético que
quien escribe en una revista musical haga esa pregunta, pero
como no soy licenciado en Periodismo no he aprendido a ocultar
mis carencias intelectuales. Que son muchas, por otra parte.
Pues
eso, al disco. Me dicen, y me lo creo, que se llama Cata Chelí
y que es autobiográfico. Qué bien, como yo. Catar, cato cuando
haya que catar. Sobre todo si es tinto y viene de Valladolid o
de Toro. Si en chelí hacemos una transposición de letras, me
sale Chile. Y subiendo hacia el norte, cruzando Perú, se llega
a Ecuador, que me ha dado una mujer, una segunda familia, unos
sitios increíbles y algunas fotos curiosas. En cuanto a lo de
autobiográfico, cualquiera que haya seguido esta columna a través
de los tiempos sabrá que me gusta más hablar de mí que de
cualquier otra cosa. Aunque teniendo en cuenta que esa otra cosa
es la música, no me extraña nada. Por último, y antes de que
os hartéis de mi vida, tened en cuenta que yo os lo cuento
gratis. Gratis total, como diría un antiguo ministro
socialista; o cero patatero, como dijo el políglota y
deportista presidente de la FAES. A lo que voy, que por qué
pagar doce euros cuando puedo encender la tele y ver a una
maruja contando su vida. Un momento, ayer mismo estaba viendo
uno de esos programas y una tipa contaba cómo estuvo un tiempo
conviviendo con su marido y con su amante. Eso sí, ella alegaba
que, aunque casada, no hacía vida marital. Por lo visto el
marido era un jeta (¿con ge o con jota?) que tenía más novias
que Joselito, el de la canción de Kiko Veneno. Y, claro, qué
iba a hacer ella. Así, ocurrió que mientras ella vivía con
otro tipo su marido tuvo que volver a la casa. Pero en plan
amigo, ¿eh? O por lo menos eso es lo que la buena señora contó.
¿Os dais cuenta? Y todo esto gratis. Gratis supe yo de la
situación de esa familia y gratis os lo traslado. Ahora bien,
si lo queréis ir contando por ahí, acordaos de que el
copyright de esta columna pertenece a sinetiquetas
y que como oiga esta historia por ahí me voy a chivar a la SGAE
para que siga haciendo el ridículo un poco más.
Joder,
a ver si empiezo a hablar un poco del disco. Ya sé que lo que
hago es un timo, pero pensad que si yo fuera un crítico de música
profesional, seguramente no habría oído el disco, os estaría
contando lo cojonudo que es, qué gran idea el unir el hip-hop
con las bulerías y las rumbitas, ojo a este grupo que va a dar
mucho que hablar, porque tú y yo lo sabíamos, y que además os
habríais gastado los euros en un periódico o en una revista.
Yo por lo menos os cuento unas cuantas cosas.
Quien
haya llegado hasta aquí pensará que el disco no me ha gustado.
Eso no es cierto. Ni me ha disgustado ni me ha gustado.
Simplemente me ha dejado frío. Me pasa lo mismo con los Mojinos
y todos esos grupos graciosetes con los que te ríes un huevo.
Ji, ji, ja, ja, pero a la hora de la verdad, cuando la novia te
deja, cuando tu marido se folla a su compañera de trabajo,
cuando el cabrón de Matemáticas te ha vuelto a suspender; o
mejor aún, cuando un buen amigo defiende con éxito su tesis
doctoral, cuando tu hermano te cuenta que le han hecho un
contrato por más de seis meses, cuando haces una cena con esos
amigos que hace unas semanas que no ves, ¿quién cojones oye a
estos grupos? Apostaría que nadie. Estos grupos son como las
tonterías que nos mandamos unos a otros por e-mail. Qué bueno,
tío, mira qué gracioso. Vale, ya lo he visto. Delete File.
Intro. Vaciar papelera de reciclaje.
Lo
siento por La Excepción. Yo no tengo la culpa. Estoy seguro de
que venderán bien su disco y de que con un poco de suerte harán
un montón de bolos veraniegos, ganarán algo de dinero y seguirán
sacando discos. Seguramente volveré a oírlos, ¿por qué no?
¿No oí a la tipa esa de la tele contando su patética vida
mientras sonreía como una gilipollas? Y eso que no os he
contado lo del rapero Alfonsito al que ví en otra cadena (¿o
era la misma?) cantando en directo, después de no saber nada de
él desde hace más de diez años cuando dejé de ir al Camping
Valdemorillo. |