| La columna del sordo |

 

[por Marcial Ortiz]

 

Nuestro "sordo" es alguien que sólo escucha buena música... Pero ¿qué es buena música? Para él fundamentalmente la música clásica (y algunas honrosas excepciones), por eso hemos decidido proponerle un reto. Cada mes le facilitaremos un CD de música actual para que diseccione y nos haga sus comentarios. Afortunadamente tiene las orejas más "abiertas" incluso de lo que él cree.

 

(¡Un folio! Joder con los jefes. Me dejan escribir en su revista y luego me dan solo un mísero folio).

 

Acaba de caer en mis manos un disco (me dicen que el único) de un grupo llamado Dwomo. ¿El disco? Osinaga. Antes de escucharlo recuerdo que pensé “qué bien, por fin algo que me suena”. Porque vamos a ver, ¿quién no se acuerda de nuestro famoso Pedro Osinaga, que tantos buenos ratos nos hizo pasar en nuestra niñez (para mí los ochenta) cada vez que salía en la tele? Aunque ahora que lo pienso despacio, no recuerdo su cara: siempre lo confundo con Arturo Fernández.

 

Vale, vale, a lo mío: el disco. A mí me ha encantado. Jamás había escuchado nada parecido (cosa relativamente fácil, dada mi misérrima cultura musical). No hay canción en todo el disco que me haya dejado indiferente. Al acabar cada canción me asaltaba la misma sensación de qué-será-lo-próximo. Eso ha conseguido que llegue hasta el último corte, el quince, disfrutando como un niño. ¡Y bailando! Qué pena que no me hayan pasado este disco antes de la Nochevieja. Lo hubiera puesto íntegro, de principio a fin. Éxito rotundo. Lo sabré yo, que me pasé toda la noche viendo películas viejas en la tele.

 

18, 88, 42 7, 17, 27, 66 ¡Bingo! Lo de este grupo es increíble. Ni en mis mejores épocas hubiera imaginado una canción basada en una sesión de bingo. ¿Qué más puedo pedir? 1, 22, 14, 20, 57, 71, 11 , 7 ¡Bingo! Maravilloso. Sigo con la boca abierta. ¡Han cantado bingo!

 

Mariposa, no-sé-qué en francés, butterfly... Ah, ya lo he pillado: dicen papillon. Otra igual. Mogollón de batería, musiquilla que no sé si es de guitarra o de órgano Casio y las mariposas, butterflies y papillones de turno.

 

Iba a seguir hablando de las mariposas del disco, pero acaba de saltar otro corte: el de Scaramouche. Ya está. Soy de ellos. Un grupo de música que cita en una de sus letras a Scaramouche, merece todos mis respetos. Y que se atenga a las consecuencias cualquiera que se ría de ellos. Tendrá que vérselas conmigo en un duelo. Aprovechando esta canción os puedo contar algunas de mis experiencias con el maestro Sabatini y su hijo Scaramouche... (Perdón, jefes, lo sé; esto es una revista musical moderna: nada de literatura, de música clásica....).

 

La siguiente canción es demasiado rara para que la entienda. Incluso alguien como yo. Así que hablaré de su música. No tengo ni idea de cómo definirla. Podría hacer como los niños: es guay. O tratar de hacer de cultureta, crítico a la última y la madre que nos parió, y decir que esta música es cool. ¿Cool? Seré imbécil. Por ejemplo, la última canción que he oído (escuchar poco, porque estoy en un sitio público y no me atrevo a ponerlo más alto) es una música, cómo lo diría... Vale, cuando era pequeño y oía la radio, me gustaba cambiar mucho de emisora, tratar de encontrar emisoras extranjeras con mi receptor AM/FM (se encuentran, se encuentran, ahí descubrí que en Marruecos había música –para los viciosos de las polémicas puedo alegar que estaba en la básica pre-LOGSE–) y lo que más oía era ese sonido que sé hacer con la boca con bastante precisión, pero que, tras un rato intentándolo, me siento incapaz de reproducir en una pantalla de ordenador. Pues bien, tras esta pequeña introducción histórica lo que iba a decir es que en una de las canciones hacen música con ese ruido. Esto va mejorando.

 

Para, para. ¿Qué es lo que oigo? Si supiera algo de lenguas orientales podría decir que es japonés o chino, pero como no tengo ni idea, solo diré que sigo con la boca abierta. Y eso que la canción tiene título en inglés, Redemption Song, como la película protagonizada por Tim Robbins y Morgan Freeman, basada en un relato de Stephen King, y que os hablo tanto de cine o libros porque nunca en mi vida he escrito más de quinientas palabras sobre música (ya llevo 681) y máldita la gracia que me hace.

 

Estos tíos son geniales. Creo que no tengo la suerte de conocerles, pero ellos a mí sí, seguro. Primero un personaje de la literatura del XIX, luego algo de Stephen King, un poco del papillon Charrière y ahora una canción sobre Quasimodo. O por lo menos así se llama la canción, porque según voy escuchándola menos me recuerda al jorobado y más a otros excelsos dioses de la música como Daniel Higiénico.

 

Llega la bossa nova. No es que sepa mucho de esta música, pero tengo un amigo que siempre nos ameniza las cenas con Ribera de Duero, empanadas argentinas y mucho Jobim, Gil, Moraes..., y algo se queda. Se supone que quien canta esta canción es un pequeninho, un meninho, pero exactamente no sé lo que dice porque entiendo bastante poco. No es porque hable en otro idioma, es que no le entiendo casi nada. Y es que ese es mi problema con la música, que me sacas de la instrumental y de los cantautores que vocalizan bien, o no entiendo nada. Me pierdo entre las notas y en cuanto me despisto un poco, ya no sé de qué va la historia.

 

Dejo para el final la mejor, la más soberbia, la más increíble. Espera, justo ahora mismo está sonando una que empieza con “Españoles...”, con una vocecilla menos aflautada que la de nuestro ex Arias. Bueno, me han dicho que tampoco puedo hablar de política. Como sigan así me cambio de web, ya lo veréis. Os veo buscando mis columnas en culturetas_que_pasan_la_nochevieja_en_su_casa.com. Mientras tanto sigo disfrutando de este James Bond Theme donde los de Dwomo nos mezclan el tarará de las películas de Pierce Brosnan con la frase que ha hecho felices a más españoles a la vez. Perdón.

 

Pues eso, que os digo cuál es la mejor, la única, la irrepetible: Valerio.  ¡¡Una canción en latín!! Y suena bien. No se me ocurre qué decir. No tengo palabras. Pobre Valerio. Menos mal que ahí están sus hermanos para pedir por su alma. Trato de reproducir una frase, pero lo malo del ordenador (y del CD) es que no puedo retroceder un poquito para volver a oír cada frase. Nada, lo dejo, no consigo escribir a la vez que escucho el latín y trato de reproducirlo.

 

Termino. Recomiendo este disco, Osinaga de Dwomo (Dro East West, 2001; 11,95 euros) por muchas razones: por los recuerdos que me trae, porque ha conseguido que mis piernas hagan lo que les dé la gana, porque nunca había oído cantar bien en japonés, porque por fin sé que papillon se dice así, con la boquita pequeña, porque Pequeninho me ha traido el sabor del Ribera, porque I don’t know y nunca lo sabré, y por Valerio. Porque seguro que era lo que bailaban Guillermo de Baskerville y Fray Perico y su borrico.

 

 

| Web oficial de Dwomo | www.dwomo.com

 

| Dwomo acaba de publicar el maxi-single Los errores de Occidente (Dro East West, 2003), que contiene canciones nuevas y versiones de este Osinaga. También podéis encontrar el disco Osinaga dentro de una caja que bajo el nombre de Bobo Master (Dro East West, 2002), también incluye los tres singles anteriores a la publicación del disco. |

© www.sinetiquetas.com 2003