Enrique Bunbury: El triunfo del riesgo

Por segundo día consecutivo, un abarrotado Palacio de Congresos de Madrid estallaba en ovaciones para despedir a uno de los artistas con más personalidad e independencia de cuantos se suben a los escenarios últimamente.

 

[Por Carlos Vallejo]

   

La carrera en solitario de este artista zaragozano comienza allá por 1997, cuando tras más de 10 años de liderar a los archifamosos Héroes del Silencio pega el cerrojazo a su grupo de toda la vida y se lanza de cabeza a la búsqueda de su propia identidad como músico. Las razones de este punto y aparte en su carrera, justo en el apogeo de los Héroes, no hay que buscarlas en un intento por rentabilizar en su propio beneficio la fama conseguida. Al contrario. Siente, como él mismo no se cansa de repetir en todas las entrevistas, que pertenecer a una banda de rock de éxito está frenando toda su libertad creativa, confinándole en una especie de cárcel estilística de la cual le resulta imposible escapar, y  harto de escuchar frases como "eso no es propio de los Héroes" rompe de un plumazo las barreras que frenan todo su genio musical.

 

Con estas premisas, la cabeza repleta de nuevas ideas y la ilusión de un principiante, se marcha durante cuatro meses al Reino Unido, de donde regresará con su primer trabajo en solitario, Radical Sonora, sorprendente muestra del tremendo salto mortal en que se convertirá su carrera a partir de entonces. Envueltos en música electrónica y distorsiones, los primeros versos del disco reflejan de forma incontestable las intenciones del autor:

"Derrumba los muros, abre las puertas, deshazte los nudos, que te sujetan,

rompamos barreras, cortad ataduras, que tanto te alejan, de aquello que buscas.

¿Qué decides, qué prefieres, tú eliges, qué?"

Como bien rezan estas líneas, con este trabajo logrará de forma contundente cortar las ataduras que le ligan a un pasado musical basado en los cánones del rock. Una infinidad de sonidos prohibidos para los Héroes del Silencio se entrelazan en cada una de las canciones para configurar un disco de lo que en una primera escucha se puede calificar como música electrónica. Repito, en una primera escucha, pues conforme uno se va implicando más y más en lo que ofrece cada canción, todo un mundo de detalles y de sutilezas van apareciendo como por arte de magia. La cuidada, y quizás exagerada, producción del prestigioso Phil Manzanera recubre con una piel de nuevas tendencias europeas (house, trip hop...) lo que en el fondo se intuye como un disco de rock con aromas árabes y mediterráneos.

    

El disco tiene una buena acogida en cuanto a ventas se refiere, fundamentalmente entre los viejos seguidores de Héroes que siguen idolatrando a Bunbury, consiguiendo facturar más de 100 000 copias. Sin embargo, la crítica no se muestra unánime con este trabajo, elogiando por un lado el esfuerzo del artista y el riesgo tomado pero acusándolo de reproducir  en demasía la música que por aquel entonces se está haciendo en Europa. Aunque parezca extraño, Enrique, como comentará tiempo después, tiene un punto de vista respecto a Radical Sonora bastante cercano a lo que opinan sus críticos, llegando a decir que no le salió lo que realmente él quería plasmar en esta obra, pero que fue su forma de decirle a mucha gente que no era solo el ex-cantante de Héroes del Silencio.

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